ref. TOR 21
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Coordenadas huso UTM: 30 S x:357150 y:42577997
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Municipio: Torrecampo Comarca:
Los Pedroches (Sierra Morena).
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Paraje y otros
topónimos:
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Acceso: dentro de una finca cercada. Propietario: privado.
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Tipología: mixtas circular y rectangular. Tipo de hábitat: aislado.
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Usos: ganadero (albergue de porqueros).
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Cronología: desconocida.
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Conservación: ruinas (sin sus cubiertas, se mantienen
los muros de mampostería).
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Características y técnicas constructivas: asentamiento:
las diversas construcciones, se agrupan en una suave ladera; disposición:
la choza albergue se sitúa exenta en la cima y la choza burrero y gallinero,
anexas a una tapia de piedra.
(Choza albergue) planta: circular; paramentos:
piedra tosca (granito)tomada con barro, con algunos elementos de cantería
(jambas y dintel); revoques: sin enlucido al exterior, pero sí en su
interior; solera: losado de piedras de granito, con restos de un hogar
central; cubierta: estuvo realizada con palos levemente arqueados de
encina, formando una forma apuntada, se forraba de ramas de retama e iniesta
que se ataba con tomizas de iniesta; elementos: dispone de dos
hornacinas empotradas en el muro.
(Choza burrero) planta: rectangular; paramentos:
piedra tosca (granito)en seco; la entrada se sitúa en una esquina; cubierta:
debió ser de tipo vegetal a una sola agua.
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Planimetría (choza albergue): planta exterior: 6.50
– 6.55 m. diámetro; planta interior: 5.50 -5.55 m. diámetro; ancho muro:
0.50 – 0.55 m.; alturas: zócalo 1.00 – 1.15 m.; entrada: 0.67 –
0.79 x 1.34 m.; orientación de la entrada: SE 120º.
Planimetría (choza burrero): planta exterior: 3.60 - 3.45 x 3.70 m.; planta interior: 2.60 -2.40 x 3.45 m.; ancho muro: 0.40 - 0.50 m.; alturas: zócalo 1.30 – 1.60 m.; entrada: 0.60 m.; orientación de la entrada: SE 120º.
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Otras construcciones: A unos 220 metros, se localiza la zahúrda,
del tipo bóveda de cañón, con dos parideras ovaladas en torno a un patio
lateral; encontrándose en excelente estado de conservación. Dentro del
recinto cercado de piedra hay un pozo con brocal y pileta de piedra.
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Fuentes orales: El informador Santiago Romero Alamillo,
recuerda haberla conocido en uso hace más de 30 años, por una familia de
porqueros que tenía 5 hijos. Comenta
que los camastros se disponían en torno al fuego central, teniendo también algunos
cajones y baúles para guardar objetos y ropas. También recuerda, como curaban
jamones y chorizos colgados en el interior de la cúspide de la choza.
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Fuentes documentales:
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Observaciones: La finca, tiene un cortijo que perteneció
hacia el siglo XIX a un cura. En el entorno del asentamiento aparecen algunos
frentes de corte de granito, realizados por canteros.
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Equipo de Trabajo: Ricardo Luque Revuelta y Rafael Pulido
Jurado (2013).
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Colaboradores: Francisco Romero y Santiago Romero
Alamillo.
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domingo, 2 de junio de 2013
Chozas Cañantrillo (Torrecampo).
jueves, 9 de mayo de 2013
Chozas de la familia Rodríguez Herruzo.
El informador Juán
Rodríguez Delgado, antiguo pastor de La Dehesilla, nos relata: “nací en 1942 en una de las chozas que mis
abuelos hicieron en el Ochavillo, en una
parcela del municipio de La
Rambla pero que está entre los de Guadalcázar y La Carlota ”.
Allí
llegaron sus abuelos Rafael Rodríguez y Carmen Herruzo hacia 1917, viviendo los
primeros años en chozos completamente vegetales. En años posteriores, junto al
cerro Baldío, se hicieron otras
chozas de tapial. En 1959 se construyó una casa ya tejada, que coexistió con
las “tapichozas” hasta 1980. Hoy en
día, este Cortijo del Ochavillo y sus
chozas ya han desaparecido.
Los primeros chozos, eran ovalados con pies derechos de horcón y
cubierta hasta el suelo, totalmente vegetales. Y las que las sucedieron con
“tapichozas” a cuatro aguas, con distintas dependencias y diferentes
edificaciones. Había una choza alargada como cocina, con dormitorio en un
extremo separados por tabiques y/o cortinas. Otras chozas eran para los cerdos,
las ovejas y las cabras. Las vacas y mulos se cobijaban en otra contigua,
anexionada a la cocina llamada “tinaón”.
También
aporta explicaciones realmente aclaradoras, en cuanto al procedimiento
constructivo y los materiales utilizados: “lo
primero, los tapiales de entre 80 y 100 cms. de anchura, de tierra apisonada y
cantos rodados, hechos con moldes de tablas y agujas, posteriormente se
encalaban”.
La estructura de las cubiertas, se hacían con pitones para
formar las “cruces” a modo de pares,
unidos en su vértice con puntas hechas de olivo o acebuche y ataduras de
cuerda. Para que no se combaran, en su tercio superior, se atravesaba un “barconcillo” haciendo la función de un
nudillo. En algunas ocasiones se aseguraba el empuje lateral de la armadura
sobre los muros con una “tiranta” de
palo o pitón, y el longitudinal con el sistema de “lima bordón”, que conformaba finalmente una cubierta de cuatro
aguas alargada. Horizontalmente se ataban hileras de cañas a modo de
“alfajías”. Para darle consistencia al alero, se hacía una “bardilla” de “corcoja”, la coscoja (Quercus
coccifera), o varetas de olivo. Se techaba con rastrojo “ripiao” de trigo duro o “recio” de pajas de 60-80 cms. de altura.
También con retama (Retama sphaerocarpa).
Las “pañetas o pareas” de paja se
ataban de abajo a arriba sobre las hileras de cañas. Se grapaban con horquillas
de hinojo. El “cumbrero” se remataba
con estiércol apelmazado sobre la paja.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Choza Lote de los Barrancos (Hinojosa del Duque).
ref.
HIN 7
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Coordenadas huso UTM: 30 S x:308714 y:4262722
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Municipio: Hinojosa del Duque. Comarca: Los Pedroches (Sierra Morena).
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Paraje y otros
topónimos: Lote de
Los Barrancos, Boquerón y Camino Alto de la Barquera.
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Acceso: abierto. Propietario: privado.
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Tipología: circular de cúpula semiesférica. Tipo de hábitat: aislado.
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Usos: ganadero (albergue de pastores).
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Cronología: anterior a 1956.
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Conservación: bueno (abandonada).
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Características y técnicas constructivas: asentamiento:
en un alto de una colina en medio de sembradura; levemente excavada en el
terreno; disposición: exenta; planta: circular; paramentos:
piedra tosca (cuarcita, pizarra y granito) tomada con barro; revoques:
estuvo enfoscado con mortero de cal, tanto exterior como interiormente, y la
cúpula, encalada directamente; solera: empedrada con pequeños
guijarros; cubierta: con ladrillo macizo en cúpula semiesférica; elementos:
alero exterior de ladrillo macizo; la entrada en su parte exterior, con
dintel y jambas labradas de granito, no así en su cara interior que dispone
de un dintel de madera de encina; igualmente posee un pequeño rebate en el
suelo; frente a la entrada, se dispone un pequeño ventanillo abocinado hacia
adentro, sólo en un lateral. Igualmente en el lado derecho aparece una percha
de madera de encina empotrada en el muro; no tiene ni parece haber tenido
salida de humos ni chimenea; reformas: se enlució con cemento y encaló
la cúpula por su cara externa.
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Planimetría: planta exterior:
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Otras construcciones:
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Fuentes orales: un viejo pastor local de 84 años de edad, comenta que lo utilizaba "Jesús Pinto" como albergue, cuando traían las ovejas al rastrojo en verano. De ahí, la ausencia de chimenea en esta construcción.
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Fuentes documentales: ha sido citado y
fotografiado en algunos trabajos de arquitectura tradicional (ALONSO, 2004).
No aparece en la cartografía de 1916 (IGN), y sí en 1970 (IGN), aunque mal
ubicada.
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Observaciones: se encuentra muy próxima a
la “Choza Valdedamas”.
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Equipo de Trabajo: Rafael Pulido Jurado (2010).
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Colaboradores: Francisco Buenestado y Fernando Díaz.
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domingo, 28 de abril de 2013
Del chozo al hato.
A sus casi 90 años de edad, Ricardo García Cano nos relata con mirada afable y serena toda una
serie de detalles de una vida entera dedicada al pastoreo por los montes y
dehesas de un rincón de la Sierra Morena cordobesa, entre Villanueva de Córdoba
y Montoro. Fueron diversas las fincas (Escorial, Gamonosas, Corchuelos, Loma La
Higuera, Tembladero y Alcornocosa) donde trabajó, primero en su infancia, cuidando
cabras blancas y luego ovejas merinas, desarrollando este duro oficio heredado
de su padre y su abuelo, con los chozos como principales moradas.
Ricardo careaba y majadeaba los rebaños que los
propietarios de las fincas le confiaban. Muestra de su pericia, nos cuenta
entre risas, que llegó a conducir en una ocasión hasta 300 carneros para cubrir
los numerosos rebaños de la zona. “No se
podía desamparar al ganado, pues los lobos estaban al acecho y más de algún
chivito me arrebataron”. En una ocasión pudo plantarles cara teniendo que
marcharse los cánidos sin su presa. Nos recuerda también como un año llegaron
incluso a entrar al mismo pueblo de Villanueva de Córdoba. No obstante, no conoce
ningún caso en que atacasen a los pastores. Como defensa se tenían 2 o 3
mastines con los que disuadir a los depredadores.
El ganado debía permanecer por la noche en su redil.
La majada se hacía bien de estacas que sostenían redes de cáñamo, o mediante cercas portátiles de tablillas que
cada día se iba mudando. Así, las ovejas apuraban el pasto y abonaban con su
estiércol la tierra. Luego, llegaba el labrador con su yunta de mulos y
sembraba garbanzos, trigo, cebada o avena, el centeno se dejaba para los
terrenos más pobres.
De sus años mozos recuerda vivamente los encuentros
ocasionales que tuvo con el grupo de los guerrilleros antifranquistas
denominados los “Jubiles”, ya en las
lindes del término de Montoro, y como en una ocasión los guardias civiles que
los perseguían se toparon con él, lo amenazaron encañonándole con los rifles,
preguntándole por el chivo que supuestamente le había dado el día anterior a “los del monte”.
De los pastores sorianos comenta, que iban a lo suyo
y no solían relacionarse demasiado: “llegaban
con sus vacas y ovejas en otoño y se marchaban en primavera, venían sin
mujeres, aunque alguno llegó a echarse novia aquí”, también comenta que calzaban
con las características albarcas de goma. Estos ganaderos trashumantes, los “serranos” igualmente se hacían sus
chozos, muy similares a los de los pastores locales, aunque también vivían en
los cortijos.
Ricardo fue experto en la construcción de estos
albergues y ayudó a otros a construirlas, no cobrando por ello. El tamaño y
forma de las maderas disponibles que llama “palancones”,
determinaban el tipo de choza a construir. Si eran largos, curvos y con
horquilla se hacía una choza vegetal redonda; en cambio, si eran cortos se
disponía una choza de hormazo rectangular a dos aguas.
La choza
vegetal se iniciaba con la construcción de un armazón circular clavando de
forma regular una serie de palos largos de encina, que se recubrían de varas de
adelfa, pañetas de pajotes de avena o cebada, que se ripiaban y ataban con
cuerdas de torvico o juncia. En el cumbrero, se apelmazaba bien la paja,
sujetándola con unas maderas que
impidieran que el viento lo levantara. Algunas podían ser bastante grandes, de
hasta 4 metros de diámetro.
La choza de
hormazo requería más trabajo, pues el muro de mampostería de planta
rectangular era más laborioso de construir. Hasta dos semanas se requería para terminarlo,
siendo finalmente más confortable cuando arreciaba el temporal, ya que a
diferencia de la vegetal, no dejaba entrar el aire. La cubierta, se hacía
apoyando una viga cumbrera sobre las cuchillas de los extremos y con distintos
palos transversales se hacía una armadura a dos aguas. Todo ello, se forraba
exteriormente con ramas de adelfa o iniesta. Esta última, se cortaba y se
dejaba secar previamente sobre los peñascos. Estas chozas eran habitadas principalmente
por los porqueros y vaqueros de las fincas, como la del “Tío Antonio, El Manquillo”, según recuerda. Otras, tenían alguna
cuadra anexa para los mulos, como la “Choza
Ribera” en el Tembladero, ya en Cardeña.
Las zahúrdas de
cañones, eran enteras de piedra con cubiertas de falsa bóveda por
aproximación de hiladas y tierra. Las hacían algunos albañiles locales por
encargo de los propietarios de las fincas; así, recuerda una que hizo uno de
Villanueva de Córdoba, llamado “El
Gorrilla”.
En invierno se dormía dentro del chozo, con las
camas dispuestas alrededor de un fuego central. En verano, sin embargo se hacía
al raso sobre un candelecho. A propósito de esto, nos relata que en una
ocasión, se le metió un lagarto entre la ropa, que tardó en poder sacar pese a
sus denodados intentos.
La vida en el chozo era muy austera, en él vivía el
pastor con su mujer e hijos. En este caso Ricardo al ser soltero, vivía solo
pues como dice el “soy mozo viejo”.
Las pertenencias eran mínimas y se guardaban en un pequeño arcón, si bien algunos
pastores tenían arrendado o en propiedad, una vivienda en el pueblo al que
acudían cada 15 días para abastecerse de algunos productos básicos (sal, pan,
aceite, etc.). Esta rutina se denominaba “ir
a por el hato”. Nuestro pastor, pudo comprarse una casa en el pueblo, tras
mucho ahorrar, a pesar de cobrar hacía 1950, no más de 60 pesetas diarias.
No tenían derecho a consumir ningún cordero, por lo
que la carne la obtenían de la caza menor, sobre todo de los abundantes conejos
que capturaban con todo tipo de trampas. Nos habla de una señora que se
dedicaba a la venta de estos pequeños mamíferos. Además, cada familia disponía
de un cerdo o dos para su propio abastecimiento y gallinas que les acompañaban
en pequeños chozos portátiles, así como la disponibilidad de verduras de algún pequeño
huerto. Recuerda también, que su madre hacía el pan en un horno de piedra.
Terminamos la entrevista, estrechando sus grandes
manos y agradeciéndole su amabilidad. Ricardo nos ha dado una lección sobre la
vida de los pastores de Sierra Morena, una vida de trabajo digno y humilde,
llevado a cabo por unas generaciones de hombres que supieron vivir de forma
sostenible en unos paisajes agrarios únicos, que son la herencia de nuestros
antepasados y del entendimiento de estos con un medio caracterizado por la
diversidad y la fragilidad de sus componentes agroecológicos; muchos aún
contemplables en el paisaje serrano.
Ricardo Luque Revuelto y Rafael Pulido Jurado.
En Conquista (Córdoba),
una mañana de Abril de 2013.
martes, 23 de abril de 2013
Choza El Albercial (El Guijo).
ref. GUI 1
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Coordenadas huso UTM: 30 S x:33417 y:4261147
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Municipio: El Guijo. Comarca: Los Pedroches (Sierra Morena).
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Paraje y otros
topónimos: Casas del Albercial o
Cortijo del Berrocal.
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Acceso: dentro de un cercado metálico. Propietario: privado.
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Tipología: mixta circular. Tipo de hábitat: aislado.
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Usos: ganadero (albergue de porqueros).
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Cronología: anterior a 1887.
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Conservación: ruinas (sin cubierta, se mantiene el
zócalo de piedra).
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Características y técnicas constructivas: asentamiento:
en un terreno levemente inclinado; disposición: exenta, en el entorno
un caserío; planta: circular; paramentos: zócalos de mampostería (granito) tomado con
légano; dispone de un potente contrafuerte en el muro exterior; se
aprecian los indicios de otra entrada cegada próxima a la actual, esta última
abocinada hacia fuera y con un recalce para elevar el original dintel; revoques:
tanto externa como
internamente, el muro estuvo encalado sin enfoscado previo; solera:
a base de un enlosado de piedras de granito; cubierta: debió ser de
tipo vegetal y forma cónica;
elementos: en el interior aparecen dos piezas de alfarería
empotradas, a modo de despensa, una cantara de tipología local, y una orza
vidriada; reformas: se
recompuso hace poco el zócalo de piedra con cemento.
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Planimetría: planta exterior:
5.85 –
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Otras construcciones: se encuentra asociada a una zahúrda próxima de planta
rectangular, con dos naves de bóveda de cañón (una sobretejada y la otra
recubierta con tierra) en torno a un patio, todo ello dentro de un conjunto
de otras edificaciones ganaderas y caserio.
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Fuentes orales: Según el informador (Clemente Pérez Tirado conv. pers.), actual santero de “Majadaiglesia” y antiguo pastor de la finca, la choza estuvo en uso
hasta 1980, habitada por Segismundo (+) y Cristina, de Pozoblanco, que
trabajaron de porqueros para esta finca, propiedad de las Hermanas Herrero de
Villanueva de Córdoba. Igualmente, el actual encargado de ella, comenta que
el zócalo de piedra se restauró hace unos 10 años, y se habían planteado
incluso reponer su cubierta original.
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Fuentes documentales: Ya en 1887[1], aparece
este topónimo como entidad de población, con indicación de “albergues de ganaderos” pero asignado
al término municipal de Dos Torres.
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Observaciones:
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Equipo de Trabajo: Ricardo Luque Revuelta y Rafael Pulido
Jurado (2013).
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Colaboradores:
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jueves, 4 de abril de 2013
Los casitos de Sayago.
Quiero mostrar unas notas que ha escrito el geógrafo Ricardo Luque Revuelto, investigador con el acabo empezar un nuevo e ilusionante proyecto, centrado en la Sierra Morena de Cordoba.
De viaje por la comarca de
Sayago quedé sorprendido por la cantidad y variedad de construcciones rurales
diseminadas que tapizan con sus muros de piedra los huertos, viñedos,
pastizales o tierras calmas de este conjunto de 24 municipios y 1484,6 km² situados
al suroeste de la provincia de Zamora.
Ahora se encuentran en
desuso, como consecuencia del despoblamiento y el abandono de las actividades
tradicionales a las que sostenían. Así, no es infrecuente localizarlas entre robles, quejigos, alcornoques, enebros y encinas, ocultas entre matorrales
de cantueso, jara, piornos o cubiertas de musgos y líquenes.
El primer modelo de arquitectura popular sería la casa rural, edificio sobrio y humilde construido con roca granítica y vigas de troncos de encina, roble y olmo. Las cubiertas son de teja curva y se colocaban sobre una barda de barro, adobe y ramos de matorral o escoba. Es característico el portal de entrada, cubierto y con dos poyos laterales; contiguo se sitúa el portalón que da acceso al patio-corral, centro de la casa y que distribuye las estancias principales: la vivienda, la cuadra, el pajar y el cobertizo para el carro y los aperos de labranza.
Sin solución de continuidad con los pueblos y aldeas
una red de cercas, que delimitan los usos agrícolas y ganaderos, se extienden a
los largo de decenas de kilómetros por los términos municipales. Llamadas cortinos cuándo la superficie que
cierran es pequeña y cortinas cuando
es mayor. Presentan una cuidada elaboración y fueron mantenidas por los vecinos
durante generaciones. Asiento también de la biodiversidad de la comarca,
dibujan y enmarcan auténticos paisajes culturales que hoy en día se encuentran
en peligro de desaparición ante la falta de manos que las reparen y de
sensibilidad de los poderes públicos, que bajo pretexto de una concentración
parcelaria las derriban sin ningún miramiento.
Rodeadas por estos particulares cíngulos se encuentran casitos o chozos de pastores, arrimaderos, chiviteros, casales, marraneros, fraguas, potros de herrar, tejares, fuentes, puentes y pontones, molinos, etc.
Los casitos son parte de la cultura ganadera típica
de Sayago, aunque se asocian también a la viña y a los cultivos de cereal. Muestran
grandes similitudes con las chozas de ganaderos de Sierra Morena,
particularmente con las de Los Pedroches, en donde también es abundante la
disponibilidad de piedra granítica. De la misma manera eran albergues de
pastores en donde era posible refugiarse de noche, junto a los ganados, para
que no quedasen a merced de posibles depredadores como el lobo.
El material empleado es el granito y la técnica utilizada la de la piedra seca, sin mortero. Se empleaban cantos pequeños y sin trabajar en los muros. y grandes lajas para la cubierta, las jambas y el dintel de la entrada. En ocasiones se aprovechan las bolas graníticas del terreno como soporte o parte de los muros.
La planta es generalmente circular, con un dinámetro que oscila entre los dos metros y los tres metros y medio. La altura del casito se corresponde con dicho diámetro, siendo muy similiar al mismo. La cubierta es una falsa cúpula por aproximación de grandes losas de granito que suele cubrirse con una capa de tierra para consolidarla y darle un mayor aislamiento frente a las inclemencias del invierno o el calor del verano. La puerta de acceso es estrecha y se enmarca por planchas de granito o sillares.
Algunas, también llamadas cabañas, poseen una pequeña ventana para dar entrada a la luz y salida al humo de la hoguera que se hacía en el interior para preparar el puchero y calentar la estancia.
Estas construcciones hechas
por las comunidades de vecinos o por la unidad familiar, según los casos,
fueron levantadas sin seguir modelos eruditos, con la única guía del saber
popular transmitido a lo largo de los siglos, generación tras generación. Dicho
testimonio constituye, no solo un legado histórico que es preciso conservar,
sino también una particular herencia de esta comarca, que puede devenir en
recurso postproductivo de cara a los nuevos usos del territorio como bien pudieran
ser el turismo rural, el cultural o el etnográfico.
Ricardo M. Luque Revuelto
30 de marzo de 2013
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