jueves, 14 de septiembre de 2017

Chozos en Las Quemadillas

Ya desde finales del siglo XIX se registra documentalmente alguna referencia de la presencia de chozas en este paraje de Las Quemadillas, localizado junto al Río Guadalquivir y la periferia Este de la ciudad de Córdoba. Tanto en 1896 como en 1933 se cita en la cartografía histórica (Instituto Geográfico y Catastral) una  alusión a una choza. 

En el estudio  "La planificación en la construcción de los poblados del Instituto Nacional de Colonización" de Pablo Rebasco, publicado en 2009 aparecen una serie de fotografías de la Zona Regable del Guadalmellato, sector I (Alcolea - las Quemadas), tomadas del Archivo Delegación INC en Córdoba.




Especialmente interesantes me resultan estas cuatro, que aunque no he podido reproducir con la necesaria calidad, si que pueden aportar datos sobre sus tipologías y materiales constructivos. de hecho, el referido estudio dice: "en la mayoría de ocasiones la vivienda rural de la zona del Guadalmellato se limitaba a una serie de chozos levantados con materiales vegetales o sobre pequeños tapiales mixtos, cuando no se presentaban en lugares insalubres e incluso peligrosos por la cercanía de ríos o barranqueras".









Las instantáneas fueron tomadas muy posiblemente en la década de los 40 del siglo XX con motivo de algún tipo de censo previo a los planes de colonización de la época franquista. Analizando ciertos detalles que se aprecian en ellas, se puede corroborar sus tipologías, tres de ellas de planta rectangular y construcción enteramente vegetal y disparidad de tamaños. Aparentemente sus armaduras podrían ser a base de pies derechos para las paredes y pares a dos aguas para las cubiertas, al estilo de los "ranchos" de Doñana o ciertas "barracas" del Delta del Ebro. Las entradas se disponen todas en sus cabeceras presentando un cierto alero.

Tipología vegetal.

En cuanto a sus materiales, la disponibilidad de maderas de los cercanos bosques de ribera del propio Río Guadalquivir o Arroyo Rabanales, hace pensar en el uso de troncos de álamos blancos, fresnos u olmos. Para los forros, podrían haberse utilizado cañas, carrizos, eneas o juncos.

Tipología mixta.

En relación a la cuarta imagen, la tipología corresponde a un grupo de chozas mixtas de tapial y cubierta vegetal a dos aguas. Son construcciones de planta rectangular, alineadas y sobrepuestas unas sobre otras. Ya se aprecia una con la techumbre de chapa metálica.




miércoles, 30 de agosto de 2017

Techado de paja ripiada (I).


Si buscamos el término ripiar encontraremos entre otras definiciones, las que se refieren al trabajo con fibras vegetales. Estas, describen una manera de ordenar, golpear y preparar vegetales para posteriores trabajos artesanales, como la elaboración de sombreros. Curiosamente en ningún caso aparece en relación al techado de cubiertas.




En las diferentes entrevistas realizadas a algunos informadores que conocían esta técnica en distintas zonas de la provincia de Córdoba, se desprende que los  términos acuñados por ellos  (ripiar, ripiado) hacen referencia al método que aprovechaba los restos de la cosecha de cereales tanto para el recubrimiento de almiares como chozas.

Grandes chozas de tapial en la término de Córdoba.

Almiar en el término de Alcaracejos.

Hemos documentado su empleo expresamente en localidades como Castro del río, Guadalcázar y Pedroche. Donde tanto hortelanos, agricultores como pastores construían sus chozas de muy diversas tipologías y usos.




Restos de una choza de cubierta de paja en Castro del Río.





Nueva choza de paja en Pedroche.



PROCESO DE TRABAJO


Tras la siega de los trigos, se rastrillaban y recogían todos los restos de paja de los campos que habían quedado desordenados tanto en longitud de caña como en orientación.

Luego, se alineaban en una especie de "almorrones" sobre el suelo, peinándolos con una horca para que quedaran ordenados y homogéneos. De esta manera, las cañas dobladas se ponían derechas y los trozos excesivamente pequeños se desprendían.

Posteriormente se mojaban con agua para que el material se ablandara y apelmazara. Se dejaba una noche y luego se empezaban a cortar  segmentos de unos 50 cms de anchura y 70 cms de longuitud. Con la ayuda de un "berduguillo", un simple palo con una cuerda atada en su extremo se ataban estas "pañetas" o "pareas" para que al subirlas hasta el techo no se deshicieran.




Es esta una de las técnicas de techado de cubiertas que aún no había experimentado. Precisamente estoy poniendo en práctica este método en la construcción propia de una choza actual, en la que llevo ya tres años trabajando.

En la siguiente secuencia de imágenes se aprecia el proceso de techado empleado, desde la siega hasta su remate.























La especie utilizada ha sido el "triticale" de la variedad Trujillo, un híbrido entre trigo y centeno que produce bastante paja. En nuestro caso, hemos segado principalmente con guadaña haciendo haces y gavillas donde la paja no quedara muy desordenada. La espiga no ha sido desprendida, desgranándola solo un poco a base de golpear los haces.



Continuará...



miércoles, 12 de octubre de 2016

Choza II Hoya de La Condesa (Torrecampo).



ref. TOR 15
Coordenadas huso UTM : WGS84 30 S x:351187 y:4260573
Municipio: TorrecampoComarca: Los Pedroches.
Paraje y otros topónimos: Hoya de la Condesa y Camino de la Laguna del Ladrillar.



Acceso: cerrado con cercados de piedra. Propietario: privado.
Tipología: circular de cúpula de hiladas. Tipo de hábitat: aislado.
Usos: ganadero (albergue de porqueros y zahurda).
Cronología: desconocida.
Conservación: ruinas (cúpula desplomada).
Características y técnicas constructivas: se encuentra asentada en una ladera algo pronunciada, exenta y levemente excavada en el terreno, a cierta distancia (120 m.) de una zahurda, pero conectada visualmente con ella. Su planta es circular con paramentos de piedra tosca (pizarra) tomada con barro, no apreciándose posibles revoques ni pintura. Tampoco se aprecia su posible solera. La cubierta debió estar conformada por una cúpula por aproximación de hiladas que ha hoy está desplomada.





Planimetría: planta exterior: 2.40 m. diámetro; planta interior: 1.60 m. diámetro; ancho muro: 0.40 m.; alturas, zócalo: 1.25 m.; orientación de la entrada: SE 140.

Planta y sección.


Otras construcciones: la zahurda tiene planta cuadrada, con dos habitáculos en forma de L, en torno a un pequeño patio. La cubierta es a base de bóvedas de cañón, por aproximación de hiladas. Se encuentra parcialmente desplomada.





Fuentes orales: Sin referencias.
Fuentes documentales: Sin referencias.
Observaciones: Es posiblemente la choza de menor tamaño de todas las localizadas en la provincia, localizándose a poca distancia del núcleo de población, por lo que hemos de suponer que solo servía para resguardarse puntualmente en ella de las inclemencias del tiempo, o para vigilar la paridera de los cerdos; tal vez, y es una hipótesis, a cargo de un niño o un jóven puesto que en su interior sólo se podría tumbar una persona de menos de 1.60 m. 

Equipo de Trabajo: Ricardo Luque Revuelto y Rafael Pulido Jurado (2013).
Colaboradores: Vicente Rodríguez Estévez y Sandalio.

Planos y vistas.





lunes, 5 de septiembre de 2016

Las Barracas de Rossell (Castelló).


Irse de vacaciones, no significa necesariamente hacer lo que habitualmente hace todo el mundo: playa, chiringuito, tumbona, etc. . En mi caso, aprovechar este descanso estival supone también viajar con la familia a otros territorios, conociendo sus ciudades, sus pueblos, las costumbres de sus gentes, recurrir con cualquier excusa, a seguir educando y aprendiendo fuera del ámbito escolar, siempre tan encorsetado, que nuestros hijos a veces no relacionan lo aprendido en la escuela con la realidad palpable.


Barraca 5.



Barraca 5.


Este verano, entre playa y playa, un día nos acercamos a la localidad tarraconense de La Sénia, uno de los pueblos de la comarca del Montsiá, cerca del Delta del Ebro. Ya habíamos estado por allí con anterioridad otros años admirando sus paisajes serranos poblados de magníficos pinares y hayedos, sus campos abancalados y cerrados de infinitas cercas de piedra seca, donde el viajero puede contemplar muchos de sus olivos singulares, tanto centenarios como milenarios.


Piedra seca. Barraca 7.


Nos paramos a preguntar y recavar información sobre nuevos puntos de interés de la comarca en su Oficina de Turismo; una antigua escuela que muestra también muchos aspectos del próximo Parque Natural dels Ports. Allí, fuimos detalladamente atendidos por el muchacho que llevaba el centro. Fuera de lo que habitualmente le consulta el público, lo bombardeamos a preguntas sobre mapas, botánica, senderos, fauna, etnografía, olivos centenarios, y a todas ellas supo aportarnos algo. Al preguntarle sobre si existían barracas de piedra por allí, pues sólo había podido visitar un par de ellas que se pusieron en valor en otro municipio cercano de la comarca, nos mostró de su colección personal y para mi sorpresa, un cuidado libro sobre la piedra seca en Tarragona. Mientras ojeaba las impresionantes fotografías de las barracas, algunas casi auténticas "minicatedrales" , me indicaba sobre el mapa de la zona algunas rutas donde podíamos acercarnos cómodamente para ver esas construcciones. La mayoría se encontraban en la limítrofe Rossell, un término ya de Castelló.


Barraca 7.



Interior de la cúpula. Barraca 7.


La conversación entre nosotros, fluía entre catalán y castellano, pues algunas palabras específicas son difícilmente traducibles. Por ejemplo, el definía como "cucurrollas" a las cubiertas de falsa cúpula de estas chozas, aunque genéricamente son llamadas por allí "barracas". Conocía bien todo el entresijo de caminos y olivares de la zona; curiosamente me comentaba, que por cuestiones laborales anteriores se había visto obligado, muy a su pesar, a derribar con maquinaria algunas de ellas en ciertas fincas donde los propietarios estaban modificando el sistema tradicional de usos de estos legendarios paisajes. Y así es, desde hace décadas estos viejos olivares están siendo gravemente alterados y destruidos por cuestiones especulativas como el saqueo de ejemplares centenarios para jardinería, la urbanización tanto "legal" como clandestina de algunas zonas mas costeras, las canteras, la proliferación de granjas intensivas de cerdos o pollos, y en general el abandono de sus ancestrales usos agrícolas y ganaderos.


Barraca 64.



Puestos ya en camino, con todos los datos en la cabeza y tras una leve parada gastronómica para reponer energías, nos adentramos con el coche en un paraje que es un laberinto de caminos que discurre por las estribaciones de la sierra. Son parcelas de olivares cerrados por cercas de piedra seca, algunas con unos gruesos desproporcionados, indicando así el duro trabajo que realizaron los que desmontaron estas laderas para convertirlas en agrícolas.


Barraca 84.



La primera barraca aparece cercana al estrecho camino asfaltado, sus piedras calizas de tonos blanquecinos y grises se elevan entre las copas de los olivos. Como siempre, conforme me voy acercando para localizar su entrada, una emoción difícilmente descriptible me invade. Me viene a la cabeza una frase de Mónica Alonso, aquella primera investigadora que me involucró en estos temas, "soy antropóloga porque desde pequeña lo viví de mi padre". Mi familia me espera a la sombra por las horas que son, pero luego se acercan para compartir mi admiración por estas modestas pero ancestrales construcciones.




Efectivamente, esta y otras en las que pudimos entrar, son chozas de piedra seca con cubiertas realizadas por aproximación de hiladas, lo que se suele llamar falsa cúpula. Casi todas son de planta circular en su interior, mas o menos ovaladas. Exteriormente presentan una gran acumulación de material pétreo, como si sirvieran también para acumular las piedras de la parcela. Suelen estar exentas o anexionadas a los cercados, a veces casi fundidos con ellos. Su aspecto exterior es muy variable, pero en general predominan las que tienen unos perfiles escalonados, con dos o tres anillos de refuerzo. El remate de las cúpulas suele estar abierto con un hueco de ventilación y salida de humos, teniendo algunas perfiles bastante apuntados, casi como capirotes, en catalán "cucurrulla". Las dimensiones también son variables, pero suelen ser bastante grandes en planta. Mas tarde pude comprobar en la fotografía aérea algunas de entre 7.20 y 9.80 m. de diámetro exterior.





Proseguimos la ruta, y empiezan a aparecer muchas mas, en un estado de conservación y densidad que nunca había visto en ningún lugar (15 o 20 tal vez), en un trayecto relativamente corto. Con posterioridad, ya sentado en el ordenador la sorpresa fue increíble; haciendo un recuento en las imágenes de Google Heart pude localizar hasta un mínimo de 83 construcciones en un área de 1 Km2. Esta situación parece que solía ser habitual en algunas zonas del norte de esta provincia, donde también se citan concentraciones similares en Catí, Tirig y Albocásse, donde son llamadas "barraquillas o casetas".


Barraca 6.


La conexión con la vecina Tarragona es evidente, presentando esta provincia de Cataluña un impresionante patrimonio de barracas y otros elementos en piedra seca, reconocidos a nivel europeo. Son de sobra reconocidas hoy como un bien de interés patrimonial, habiendo sido profusamente documentadas sus técnicas, tipologías y usos.  



Localización de las barracas. Fuente: Google earth


martes, 2 de agosto de 2016

El Burcio I (El Viso de los Pedroches)


Es este, uno de esos lugares de los muchos que me fascinan del norte de Los Pedroches. Uno de esos parajes recónditos y olvidados, que casi no aparecen registrados en los mapas, al menos como asentamiento humano. La referencia de estas ruinas me llegaron a través del blog de Rafael López Monge, un buen conocedor de la historia de Belalcázar y la comarca de Los Pedroches, que nos ofreció la posibilidad de poder ir a visitarlas hace ya un par de años. En esa jornada de campo, nuestro modesto equipo de investigación (Ricardo Luque y yo), también contó con la buena compañía de la arqueóloga Pilar Ruiz Borrega y por supuesto las indicaciones de Rafael.




Personalmente, creo que he pasado cientos de veces al lado de este
poblado ganadero, e incluso en ocasiones, pernoctado en en sus proximidades, e increíblemente nunca me había percatado de el. Su camuflaje con el paisaje es perfecto, pues se asienta entre canchales de cuarcitas, manchones de monte y dehesas.





Encuentro muy diversas y variopintas hipótesis sobre el origen fonético de vocablo "Burcio". Analizando tan significativo nombre, aparece su uso en la zona oriental de Valle de Alcudia donde se utilizaba para significar: "Sitio difícil de atravesar por su mucha maleza" Vocabulario de Fuencaliente .




También podría tener otra posible acepción que lo relaciona en ciertas zonas costeras de Andalucía, con algunas especies de peces llamados gobios; por similitud se cita aquí otra especie autóctona llamada Blenio (Blenius fluviatinis) que pudo ser pescable con redes en las aguas del próximo Río Zújar, según los conocimientos de mi buen amigo Fernando Díaz, quien me aporta precisamente una imagen de un ejemplar capturado en el mismo paraje.




Oficialmente la forma
burcio deriva de la voz portuguesa "búzio", que es un caracol que vive debajo del agua; de esta deviene "buzo" (lat. BUCINA, cuerno de boyero), según (Corominas y Pascual, 1982). Curiosamente encontramos a escasos metros del poblado un cerro llamado "Cuernos". No obstante, todas las posibilidades quedan abiertas, sin saber exactamente su origen real.





El poblado en sí, se localiza entre los parajes del cerro Cuernos al E, el Castillo de Madroñiz al NO y Vega Marco al SO, perteneciendo al término municipal del Viso de Los Pedroches. Junto a el, discurre el Río Zújar accediéndose al mismo desde la Carretera de Hinojosa del Duque a la Estación de Belalcázar donde se aparta un antiguo camino llamado en la carografía del IGN del año 1952 "Camino del Valle de Alcudia", hoy cerrado con una cancela por la propiedad de la finca.





Aunque está pendiente aún un estudio mas destallado a pie de campo, a simple vista se pueden vislumbrar indicios de que el asentamiento tuvo cierta importancia, al menos en el número de animales que se manejaban allí. Se distribuye a lo largo de una extensa área, que podría rondar las 5 has. Algunas construcciones se encuentran en el llano, pero otras están a media ladera con algunos callejones y cercados de piedra.




Solo hemos localizado cuatro chozas como albergues de pastores, dos de ellas ubicadas en la parte mas alta, situación lógica, pues desde allí se podría vigilar todos los establos y corrales. Estas dos son de tipología mixta, planta circular y desaparecidas cubiertas vegtales, una cónica y otra a dos aguas. Ambas se encuentran practicamente juntas sobre un afloramiento de cuarcitas. Hay otras infraestructuras en la parte mas baja (zahurdas, toriles, cuadras, corrales y horno).




Las referencias orales apuntan la posibilidad de que el lugar fuera utilizado por pastores trashumantes, pues según comenta un informador anónimo encuestado por Rafael López Monge, las chozas eran incendiadas a propósito tras la estancia invernal-primaveral para ser reconstruidas sus cubiertas vegetales en el otoño siguiente, al regreso de los agostaderos norteños.





Indagando en la documentación histórica (1), Jose Luis Serrano Gonzáles de Murillo en un interesante artículo, cita el Burcio como una de las tierras mas feraces del Estado de Madroñiz, donde eran abundantes pastos y dehesas para ovejas, cerdos y caballos. Igualmente refiere que en algún momento de su compleja historia, se arrendaban los pastos a los ganaderos mesteños en detrimento de los jornaleros y vecinos de Cabeza del Buey. Por otro lado, se sabe que ya desde el siglo XV existía aquí una aldea llamada "Hoya de Madroñiz" que perteneció al Condado de Santa Eufemia tras el otorgamiento por parte de los Reyes Católicos a Gonzalo Mejía del Marquesado de la Guardia, una injusta situación de abusos y privilegios de posesión del castillo y todo su estado que se perpetuaría muchos siglos despues hasta su venta en 1951.