lunes, 8 de julio de 2013

Pastor de juventud.

Alfonso Arroyo, nuestro protagonista, su hermano Rafael y su padre Alfonso estuvieron trabajando de pastores durante varias décadas en las fincas del “Fontanar” y “Guamora”, en el término municipal de Pedroche. Vivían en chozas e iban al pueblo sólo a comprar de vez en cuando algunas provisiones, primero en burros y más tarde con una bicicleta también para estudiar por las tardes. En 1969 con la edad de 20 años, deja el oficio de pastor y se marcha a la localidad francesa de Cognac para trabajar en los viñedos, donde permaneció más de 35 años hasta que se jubiló.

Alfonso Arroyo haciendo un torzal de iniesta.

Su ganado fue básicamente la oveja merina, si bien en los sesenta, se empezó a cruzar esta raza pura con carneros “Lanchas”  de grandes cuernos. En los años anteriores a 1940 las ovejas merinas solo tenían un parto al año, pues únicamente se alimentaban del pasto natural y en ocasiones cuando nevaba, con algo de avena o cebada. De 350 ovejas, solo una decena tenían dos mellizos al año. Los carneros se mandilaban con un peto de lata o goma, dejando que montasen al rebaño de 150 en 150, ajustando el momento para que los corderos nacieran en primavera, cuando se podían vender con menos gasto. El rebaño se dividía en dos grupos, por un lado las ovejas “horras”, sin cría y el segundo con ovejas paridas y borregos.
La lana también se aprovechaba, pero ellos las llevaban al pueblo para que las esquilaran, colaborando en el momento de cogerlas y atarlas para los esquiadores.

Por la noche, el ganado se encerraba en una majada que había que mudar a diario sobre uno de sus lados para que la hoja de la finca se fuese abonando en su totalidad. La cerca estaba hecha de redes y estacas, o de cercas de madera que se encajaban en unas “zapatas” en la parte inferior, en unas “manillas” en la superior y se tensaban con unas “tirantas” diagonales de cable que partían de una  “tranca”  clavada en el suelo.


Zapata de una cerca de tablones.

La familia Arroyo no hacía ni trasterminancia ni trashumancia alguna con los ganados que cuidaban para los "amos". La finca era lo suficientemente extensa (500 fanegas) como para mantener no solo a las ovejas, sino también al ganado de cerda en un manejo predominante de dehesa y algo de monte en las cumbres. Sin embargo, citan el paso anual de los “serranos”, los trashumantes sorianos que pernoctaban a lo largo de la “Cañada Real” cerca de Guadamora, camino de las sierras de más al sur.

Los lobos eran una amenaza para el ganado, hasta finales de los años 50 en que fueron definitívamente exterminados. En más de una ocasión fue testigo de cómo su padre tenía que salir corriendo de noche hacía el corral, con las botas y el candil, mientras que Alfonso se escondía debajo de sus mantas, temeroso. Le asustaban hasta tal punto, que nos cuenta como se le levantaba la gorra porque se le ponían los pelos de punta. Recuerdan el caso de un lobo solitario, cojo y rabón que merodeaba por las noches la majada.

Perdieron más de un cabrito y cordero a manos de estos cánidos, pese a la vigilancia constante de sus mastines, “Lupina”, la “Curra” y “Tremendo” que con sus collares de pinchos, no dudaban en adentrarse en la manada de lobos, volviendo babeados o con cicatrices en el lomo. Los perros conseguían alejarlos de manera estratégica, impidiendo que no se acercara ninguno por otros ángulos. Es más, avisaban al pastor cuando ya pasaba el peligro. Esta era la única arma que poseían, así como los cohetes que les daban en el ayuntamiento para hacer ruido.

Además de los perros, tenían dos burros que se resguardaban en un chozo propio y que les servían para ir al pueblo a , acarear la leña y el agua, o para mudar los palos del chozo.


El chozo de Los Arroyo, en Nuestras Tradiciones 2013.

En el término de Pedroche, al igual que en los pequeños municipios de zona central de la comarca de Los Pedroches la gran propiedad solo supone un pequeño porcentaje del territorio, predominando las de pequeño y mediano tamaño. Alfonso, nos cita algunas  de  estas  grandes (El Trucio y La Calera), similares en la cual trabajó.

Los dueños solían venir en primavera y en verano. Por la noche "nos hacían rezar el rosario" dice.  Los domingos se daba catequesis y se hacía una rifa. El afortunado ganaba una jícara de chocolate "de ese que hacía en Pozoblanco el Hipólito Cabrera". El casero se ajustaba a "puerta abierta" sin un sueldo, completando su economía con las gallinas, los animales y el huerto que cultivaba



"Pintando" garbanzos en Nuestras Tradiciones 2013.

La dehesa se  dividía en cinco hojas. Solo una de ellas se sembraba de garbanzos en marzo y de trigo en octubre. Dos gañanes contratados con sendas yuntas eran los encargados de la siembra que iba rotando cada año, restando cuatro hojas  para las ovejas y los cochinos. De la montanera se encargaba un porquero contratado pariente suyo y que vivía junto a su familia, compuesta por su mujer y sus cuatro hijos, en una "choza de hormazo" permanente.



Las chozas y los chozos.

Llamaban “chozos” a los albergues de pastores circulares y de mediano tamaño  realizados con “chumiza”, pastos y rastrojos. Algunas más grandes, de planta ovalada con puntales, sin embargo las llamaban “chozas”. Por otro lado, citan las “chozas de jormazo” que se realizaban con mampostería de piedra, tanta en planta circular como rectangular, que eran habitadas por los porqueros. Tenían la cubierta también de palos y materiales vegetales (paja, juncos, iniesta o retamas). Posteriormente, muchas de las rectangulares fueron remodeladas con teja árabe. La entrada de estas, estaba compuesta por dos “cinceles-jambas”, “dintel-travesaño”  y en el suelo el “batiente”.


Alfonso y su cuñado haciendo una maqueta de un chozo.

Para las vegetales, se cortaban palos de encina con una leve curvatura y algo de horquilla que se clavaban solo un poco en el suelo, pues cada año había que desarmarlas para rehacerlas  en otra “hoja” de la finca, reaprovechando dichas maderas de una vez para otra. Todos ellos, se trababan y se aseguraban con otros horizontales llamados “arcos” que le daban solidez a las estructura. Luego, se recubría de haces de “tamaras” de encina y distintas capas de retama o iniesta verde, que en la parte más alta se hacían más espesas para que hicieran “clavo”, es decir que una vez secas se apelmazaban e impregnaban de hollín, de tal manera que no prendían con el fuego que se hacía en el interior. Por último, se techaba sobre esta estructura con rastrojo de trigo, que se traía desde las rastrojeras después de la siega del cereal. La variedad de trigo que se cultivaba por esa época en la zona, era bastante alta; los segadores cortaban la caña para dejar la paja casi entera. Los pastores rastrillaban el rastrojo y lo amontonaban para acarrearlo con ayuda de carros hasta donde fueran a construir el chozo. La manera de techar con la paja, la llaman a “pañetas”, procedimiento que consistía en ordenar y alinear la paja sobre el suelo en una hilera de unos 40 a 50 cm. de anchura, mojándola generosamente y presionando con rodillas y manos. Luego se dejaba secar un día, para ir sacando tramos de “pañetas” que se colocaban verticalmente, unas junto a otras sobre el entramado anteriormente citado, desde el suelo hasta el techo de manera escalonada. Cada hilera de “pañetas” se fijaba al entramado con una gruesa cuerda de iniesta de más de 2 cm. de diámetro a modo de anillo y que llaman “vencejo”. Ésta, a su vez era cosida al entramado de maderas con otra cuerda de juncia, retama o iniesta más fina, llamada “tontillo” y con la ayuda de una larga aguja de madera o hierro se atravesaba todo el grueso de la pared vegetal. Las últimas capas del cumbrero había que subirlas con la ayuda de una pértiga o con el propio palo de la “zanga”.  Se ataba la “pañeta” con un lazo de manera transversal a la pértiga para que una vez alcanzado por la persona que la recogía arriba se soltara fácilmente. Finalmente, se colocaban los “contravientos”, cuatro leños colgados de cuerdas por los lados exteriores de la cúspide, que impedían que el aire desmochara el chozo.
Para proteger las paredes de la construcción del diente de las ovejas y los burros, en ciertas ocasiones se hacía una especie de resguardo de “tamaras” o “tamujos” espinosos por todo su perímetro. La choza o chozo se rodeaba de un ruedo o canal para que drenara el agua de la lluvia. El piso interior se cubría con una solera de empedrado para mantenerlo limpio.






Todo el proceso de construcción podía extenderse durante unas dos semanas, participando en distintas funciones todos los miembros de la familia. Se realizaba en verano y mientras tanto, se dormía al raso sobre camastros que se colgaban de las ramas de las encinas. El asentamiento se realizaba en un lugar algo despejado, con una choza más grande, con hasta cinco camas alrededor, otra choza que hacía las funciones de despensa y otro chozo únicamente para los burros y las gallinas.

Alfonso conoció en algunas ocasiones como podían incendiarse los chozos. En el “Fontanar” prendió alguno de sus vecinos que pudieron salvar la vida, y en “Guamora” el de la “Gorda” de Villanueva alcanzado por un rayo.

La base de la dieta del pastor era la leche de oveja, como describe gráficamente el refranillo que nos recita:

Los pastores de Villaralto comen pan con leche pá almorzar,
y a la noche, leche y pan pá cenar


Recreación de una escena cotidiana en el chozo.

El pan lo hacía la su madre Manuela en el horno del cortijo donde residía el casero. Ella también se encargaba de elaborar los quesos. No llegaron a tener huerto, aunque de vez en cuando cuidaban un melonar. El campo les proveía además, de frieras, criadillas, ajos porros, romanzas, caracoles, espárragos, etc. Además criaban palomas y tórtolas en cajones colgados de las encinas, aparte de las gallinas que se metían en el chozo de los burros. Cazaban perdices, conejos y liebres, aunque había que hacerlo con discreción porque los dueños no lo permitían y la Guardia Civil siempre estaba atenta. Los cepos para zorzales y pajaritos se colocaban al día siguiente de la visita de los civiles. pues era poco probable que viniesen dos días seguidos. Incluso se fabricaba un pequeño chozo para cazar, cerca de un regato, donde se tendía una red de tirón oculta por hojas y pasto. Su esposa Isabel, nos cuenta algunas travesuras que hacía Alfonso, como aquella vez que le escondió el chozo de cazar a otro pastor, o cuando le cambio a un águila los huevos del nido por otros de gallina para que los incubara.

Comenta que antes había muchos pájaros (mirlas, carahanos, trigueros, cujas, águilas, güaitres, etc.). Los erizos y los lagartos se preparaban fritos o en adobo. También citan algunas serpientes (víbora, “saetón” = culebra de escalera, “alicante o cerval” = culebra bastarda) como peligrosas para el ganado.

El fuego para cocinar se hacía en primavera-verano en un “hogarín” exterior. El "hato" se preparaba en invierno dentro del chozo, en una lumbre situada en el centro del mismo sobre un empedrado. Su esposa, nos relata como preparaba el “ajo” (patata, tomate, pimiento, miga de pan y agua caliente), la “miga tostá” con uva y torrezno,  o el puchero diario de garbanzos, el bacalao, etc. Los festivos tocaban las habichuelas y algunas noches, liebre con arroz.

El salario recibido no era en dinero sino en especie, mediante un ajuste que se negociaba una vez al año el 29 de septiembre, en la festividad de San Miguel. Antes de esa fecha el pastor no podía abandonar la finca, ni el dueño despedirlo. No había contratos, ni nada por escrito, solo de palabra. El “ajuste” nos lo relata Manuela, la madre del pastor nacida en 1924: “era de tres cuartillas de aceite por pastor al mes, trigo y doce ovejas al año”, también “se libraran un par de cabras”En ocasiones había también una remuneración económica, unos ocho duros al mes, cuando estaban en “Guamora”, en los años 40 y 50. A los “zagales” solo se les daba "medio hato". En fechas posteriores la ganancia se acordaba conforme a lo que criasen.

Aunque la vida de pastor la recuerda como muy austera; “en mi choza solo hay palos…” dice, reconoce que fueron de los mejores años de su vida.


La familia Arroyo en su casa de Pedroche.

Entrevista realizada en Pedroche, el 1 de junio de 2013, a Alfonso Arroyo Moreno, su hermana Josefa, su esposa Isabel Tirado Díaz, su cuñado José Tirado Díaz y su madre Manuela Moreno Román. A todos ellos, "gracias por su entrañable hospitalidad".


Más datos en:
ANDRADA, Los años de la niebla, 2005
ANDRADA, Las voces antiguas, 1992
"Nuestros mayores dicen, hacen y están". Diputación de Córdoba.

domingo, 30 de junio de 2013

Albergues y chozas del término de Pedroche.

Este fin de semana, vamos a presentar una comunicación titulada "Albergues y chozas ganaderas del término de Pedroche", dentro de las IV Jornadas de Historia Local de Pedroche http://storify.com/pedrocheenlared/iv-jornadas-de-historia-local-de-pedroche .



viernes, 21 de junio de 2013

Maquetas para un museo.

Recientemente, he estado dirigiendo un particular proyecto, que trataba de recrear algunas tipologías de chozas y albergues de Los Pedroches, pero en formato maqueta. Para ello, he contado con la inestimable colaboración y buen trabajo de dos alumnas procedentes de Reino Unido, que dentro de un programa europeo “Leonardo” han realizado una serie de prácticas en la Escuela de Arte “Dionisio Ortiz” de Córdoba. Laura Jeary http://uk.linkedin.com/pub/laura-jeary/48/325/a67 y Annie Nelson http://www.annienelson.co.uk/#!blogger-feed/cxjz, aceptaron con entusiasmo la propuesta de realizar dos maquetas a escala 1/10 con materiales naturales, lo más parecidos a la realidad (piedra, tierra, maderas, cerámica y paja). Igualmente, otro alumno cordobés, Luis Agudo Pascual realizaría unas figuras de pastores para relacionarlas con dichas construcciones. Todo ello, con el objetivo de ser donadas como material expositivo para el Museo del Pastor de Villaralto (Córdoba).

La experiencia ha resultado muy enriquecedora, tanto a nivel técnico como personal. Para documentar el trabajo, realizamos alguna visita a la comarca, conociendo de primera mano ciertos aspectos relacionados con este tipo de arquitectura vernácula. También contamos con todo el trabajo de catalogación (planos, dibujos, fotografías, etc.), elaborado hasta la fecha, por el equipo de investigación que recientemente hemos formado, el geógrafo Ricardo Luque Revuelto y yo.


Proceso de trabajo de Laura Jeary.

Proceso de trabajo de Annie Nelson.

Proceso de trabajo de Luís Agudo Pascual.

En mi opinión, el resultado final ha sido muy interesante. Se han tratado de reproducir dos tipologías diferentes; por un lado una choza circular de mampostería con cúpula por aproximación de hiladas, y por otro, una mixta también circular de cubierta cónica y materiales vegetales. En ellas, se sintetizan de forma ideal ciertos elementos y variantes observadas a lo largo de todas las que se han inventariado sobre el terreno.


Maqueta de la choza de cúpula.

Maqueta de la choza mixta.

Entre los materiales utilizados, para la piedra, hemos tratado de aproximar el aspecto natural de dos tipos de rocas locales (pizarra y granito); esta última simulada con una caliza gris abujardada. Los distintos bloques, losas, dinteles y jambas se han cortado de igual manera que se haría en su dimensión real, en algunas ocasiones con la ayuda de maquinaria y herramientas de cantería. Igualmente, la mampostería se ha tomado con tierra, añadiéndole algo de cola para darle cohesión. Las soleras se realizaron con empedrados tomados con mortero de cal, en un caso y con cerámica modelada en otro. También se empleó cal natural para enjambelar los muros.

Para las armaduras y carpinterías, se utilizaron diferentes maderas que se asemejaran a las utilizadas realmente para estos fines. Finalmente, para el forro vegetal se segaron, limpiaron y cosieron gramíneas silvestres que dieran el aspecto de un techo de juncos auténtico.

Para la presentación de los modelos, ambas se plantearon con una vista frontal totalmente acabada, mientras que en su parte posterior se dejaron secciones que permitieran apreciar el sistema constructivo de muros y armaduras.

Las figuras que acompañan a las construcciones, fueron modeladas y cocidas en barro cerámico “mayólica”, de color blanco. Los personajes y su indumentaria fueron documentados en base a distintas imágenes históricas de pastores, desde finales del siglo XIX a mediados del XX.


Figuras de pastor soriano y un porquero.

Figuras de un pastor y una pastora locales.

Durante los casi dos meses de trabajo, contamos un día con la visita del arquitecto Peter Kempsey, fundador del  grupo The VAR iniative Itd (Vernacular Architecture Revival), http://www.thevarinitiative.co.uk/www.thevarinitiative.co.uk/info.php?p=2 a quién pudimos mostrar ya finalizado nuestro trabajo y compartir momentos de instructiva charla, dejando abierta la posibilidad de futuras colaboraciones.


Visita al Museo del Pastor de Villaralto.

Excursión por los alrrededores de Hinojosa del Duque.






viernes, 7 de junio de 2013

Choza de Injurias (Hinojosa del Duque).

ref. HIN 26                                               
Coordenadas huso UTM: 30 S x.311224 y.4265804
Municipio: Hinojosa del Duque. Comarca: Los Pedroches (Sierra Morena).
Paraje y otros topónimos: Injurias, Santo Cristo y Cortijo del Rifle.
Acceso: dentro de una parcela de olivar cerrada con cercado. Propietario: privado.
Tipología: circular de cúpula tejada. Tipo de hábitat: aislado.
Usos: agrícola-ganadero (albergue de pastores).
Cronología: anterior a 1936.
Conservación: buena (en remodelación).
Características y  técnicas constructivas: asentamiento: en terreno llano de sembradura y olivar moderno, próxima a un camino; disposición: exenta; planta: circular; paramentos: piedra tosca (granito) tomada con barro y algunos tejuelos tomados con cal; revoques: aparece enlucida con cemento y pintura de cal; solera: la original ha desaparecido; elementos: cuatro hornacinas con poyetes de ladrillo de barro cocido y dinteles de granito (una de ellas, convertida ahora en ventana, y otra con anaqueles); la chimenea está integrada en el muro con un leve arco rebajado; el tiro sale mediante una típica forma escalonada; la estrada se forma con dos potentes jambas y tres dinteles de agujas de granito, formando un escalón interior para la puerta; dispone de una puerta de hierro con cerradura; reformas: se está remodelando con materiales modernos.








Planimetría: planta exterior: 4.38 – 4.35 m. diámetro; planta interior: 2.55 -2.52 m. diámetro; ancho muro: 0.92 m.; altura muro (alero): 2.33 m.; entrada: 0.88 – 1.71 m.; hornacinas:  m. / 0.50 m.; orientación de la entrada: SE 140.




Otras construcciones:
Fuentes orales:
Fuentes documentales:
Observaciones: Según cuentan, se refugiaron en esta choza, dos familias durante algún tiempo, huyendo de los bombardeos del cercano pueblo de Hinojosa del Duque, en plena Guerra Civil.
Equipo de Trabajo: Ricardo Luque Revuelto y Rafael Pulido Jurado (2013).
Colaboradores: Felipe Moyano, Laura Jeary y Annie Nelson.

domingo, 2 de junio de 2013

Chozas Cañantrillo (Torrecampo).

ref. TOR 21                                               
Coordenadas huso UTM: 30 S x:357150 y:42577997
Municipio: Torrecampo  Comarca: Los Pedroches (Sierra Morena).
Paraje y otros topónimos:
Acceso: dentro de una finca cercada. Propietario: privado.
Tipología: mixtas circular y rectangular. Tipo de hábitat: aislado.
Usos: ganadero (albergue de porqueros).
Cronología: desconocida.
Conservación: ruinas (sin sus cubiertas, se mantienen los muros de mampostería).
Características y  técnicas constructivas: asentamiento: las diversas construcciones, se agrupan en una suave ladera; disposición: la choza albergue se sitúa exenta en la cima y la choza burrero y gallinero, anexas a una tapia de piedra.
(Choza albergue) planta: circular; paramentos: piedra tosca (granito)tomada con barro, con algunos elementos de cantería (jambas y dintel); revoques: sin enlucido al exterior, pero sí en su interior; solera: losado de piedras de granito, con restos de un hogar central; cubierta: estuvo realizada con palos levemente arqueados de encina, formando una forma apuntada, se forraba de ramas de retama e iniesta que se ataba con tomizas de iniesta; elementos: dispone de dos hornacinas empotradas en el muro.



(Choza burrero) planta: rectangular; paramentos: piedra tosca (granito)en seco; la entrada se sitúa en una esquina; cubierta: debió ser de tipo vegetal a una sola agua.


Planimetría (choza albergue): planta exterior: 6.50 – 6.55 m. diámetro; planta interior: 5.50 -5.55 m. diámetro; ancho muro: 0.50 – 0.55 m.; alturas: zócalo 1.00 – 1.15 m.; entrada: 0.67 – 0.79 x 1.34 m.; orientación de la entrada: SE 120º.



Planimetría (choza burrero): planta exterior: 3.60 - 3.45 x 3.70 m.; planta interior: 2.60 -2.40 x 3.45 m.; ancho muro: 0.40 - 0.50 m.; alturas: zócalo  1.30 – 1.60 m.; entrada: 0.60 m.; orientación de la entrada: SE 120º.



Otras construcciones: A unos 220 metros, se localiza la zahúrda, del tipo bóveda de cañón, con dos parideras ovaladas en torno a un patio lateral; encontrándose en excelente estado de conservación. Dentro del recinto cercado de piedra hay un pozo con brocal y pileta de piedra.






Fuentes orales: El informador Santiago Romero Alamillo, recuerda haberla conocido en uso hace más de 30 años, por una familia de porqueros que tenía 5 hijos.  Comenta que los camastros se disponían en torno al fuego central, teniendo también algunos cajones y baúles para guardar objetos y ropas. También recuerda, como curaban jamones y chorizos colgados en el interior de la cúspide de la choza.
Fuentes documentales:
Observaciones: La finca, tiene un cortijo que perteneció hacia el siglo XIX a un cura. En el entorno del asentamiento aparecen algunos frentes de corte de granito, realizados por canteros.
Equipo de Trabajo: Ricardo Luque Revuelta y Rafael Pulido Jurado (2013).
Colaboradores: Francisco Romero y Santiago Romero Alamillo.

jueves, 9 de mayo de 2013

Chozas de la familia Rodríguez Herruzo.


El informador Juán Rodríguez Delgado, antiguo pastor de La Dehesilla, nos relata: “nací en 1942 en una de las chozas que mis abuelos hicieron en el  Ochavillo, en una parcela del municipio de La Rambla pero que está entre los de Guadalcázar y La Carlota”. 



Allí llegaron sus abuelos Rafael Rodríguez y Carmen Herruzo hacia 1917, viviendo los primeros años en chozos completamente vegetales. En años posteriores, junto al cerro Baldío, se hicieron otras chozas de tapial. En 1959 se construyó una casa ya tejada, que coexistió con las “tapichozas” hasta 1980. Hoy en día, este Cortijo del Ochavillo y sus chozas ya han desaparecido. 





Los primeros chozos, eran  ovalados con pies derechos de horcón y cubierta hasta el suelo, totalmente vegetales. Y las que las sucedieron con “tapichozas” a cuatro aguas, con distintas dependencias y diferentes edificaciones. Había una choza alargada como cocina, con dormitorio en un extremo separados por tabiques y/o cortinas. Otras chozas eran para los cerdos, las ovejas y las cabras. Las vacas y mulos se cobijaban en otra contigua, anexionada a la cocina llamada “tinaón”.

También aporta explicaciones realmente aclaradoras, en cuanto al procedimiento constructivo y los materiales utilizados: “lo primero, los tapiales de entre 80 y 100 cms. de anchura, de tierra apisonada y cantos rodados, hechos con moldes de tablas y agujas, posteriormente se encalaban”. 





La estructura de las cubiertas, se hacían con pitones para formar las “cruces” a modo de pares, unidos en su vértice con puntas hechas de olivo o acebuche y ataduras de cuerda. Para que no se combaran, en su tercio superior, se atravesaba un “barconcillo” haciendo la función de un nudillo. En algunas ocasiones se aseguraba el empuje lateral de la armadura sobre los muros con una “tiranta” de palo o pitón, y el longitudinal con el sistema de “lima bordón”, que conformaba finalmente una cubierta de cuatro aguas alargada. Horizontalmente se ataban hileras de cañas a modo de “alfajías”. Para darle consistencia al alero, se hacía una “bardilla” de “corcoja”, la coscoja (Quercus coccifera), o varetas de olivo. Se techaba con rastrojo “ripiao” de trigo duro o “recio” de pajas de 60-80 cms. de altura. También con retama (Retama sphaerocarpa). Las “pañetas o pareas” de paja se ataban de abajo a arriba sobre las hileras de cañas. Se grapaban con horquillas de hinojo. El “cumbrero” se remataba con estiércol apelmazado sobre la paja.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Choza Lote de los Barrancos (Hinojosa del Duque).

ref. HIN 7 
                                               
Coordenadas huso UTM: 30 S x:308714 y:4262722 
Municipio: Hinojosa del Duque. Comarca: Los Pedroches (Sierra Morena).
Paraje y otros topónimos: Lote de Los Barrancos, Boquerón y Camino Alto de la Barquera.
Acceso: abierto. Propietario: privado.
Tipología: circular de cúpula semiesférica. Tipo de hábitat: aislado.
Usos: ganadero (albergue de pastores).
Cronología: anterior a 1956.
Conservación: bueno (abandonada).
Características y  técnicas constructivas: asentamiento: en un alto de una colina en medio de sembradura; levemente excavada en el terreno; disposición: exenta; planta: circular; paramentos: piedra tosca (cuarcita, pizarra y granito) tomada con barro; revoques: estuvo enfoscado con mortero de cal, tanto exterior como interiormente, y la cúpula, encalada directamente; solera: empedrada con pequeños guijarros; cubierta: con ladrillo macizo en cúpula semiesférica; elementos: alero exterior de ladrillo macizo; la entrada en su parte exterior, con dintel y jambas labradas de granito, no así en su cara interior que dispone de un dintel de madera de encina; igualmente posee un pequeño rebate en el suelo; frente a la entrada, se dispone un pequeño ventanillo abocinado hacia adentro, sólo en un lateral. Igualmente en el lado derecho aparece una percha de madera de encina empotrada en el muro; no tiene ni parece haber tenido salida de humos ni chimenea; reformas: se enlució con cemento y encaló la cúpula por su cara externa.









Planimetría: planta exterior: 4.08 m. diámetro; planta interior: 3.00 m. diámetro; ancho muro: 54 m.; alturas: exterior: 3.50 m.;  alero: 1.80 m.  interior: 2.90 m.; intrados del arco: 1.35 m.; entrada: 147 x 0.67  m.; elementos: ventanillo: 0.26 x 0.25 m.; orientación de la entrada: E.


Otras construcciones:
Fuentes orales: un viejo pastor local de 84 años de edad, comenta que lo utilizaba "Jesús Pinto" como albergue, cuando traían las ovejas al rastrojo en verano. De ahí, la ausencia de chimenea en esta construcción.
Fuentes documentales: ha sido citado y fotografiado en algunos trabajos de arquitectura tradicional (ALONSO, 2004). No aparece en la cartografía de 1916 (IGN), y sí en 1970 (IGN), aunque mal ubicada.
Observaciones: se encuentra muy próxima a la “Choza Valdedamas”.
Equipo de Trabajo: Rafael Pulido Jurado (2010).
Colaboradores: Francisco Buenestado y Fernando Díaz.