miércoles, 18 de enero de 2012

En peligro de desaparición

Quiero reproducir aquí, un texto,  que gentilmente redactó la antropóloga Mónica Alonso Morales para apoyar mi proyecto de investigación ante la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Agradecerle, igualmente su apoyo y orientaciones a lo largo de estos últimos años. Gracias.


Choza del Baldío en Torrecampo. Cortesía de Mónica Alonso.

 “Actualmente en Andalucía, este tipo de arquitectura popular carece de una protección patrimonial explícita, que asegure su documentación, conocimiento, y en el mejor de los casos, la supervivencia de algunos tipos. El inmenso desconocimiento sobre el valor patrimonial de estos bienes, así como la histórica concepción que sobre esta arquitectura tradicional ha imperado como construcciones pobres, frente a un tipo de patrimonio más monumental y socialmente reconocido, ha hecho que la arquitectura pastoril haya caído en un triste olvido y desaparición. La realización de estudios como el que se lleva a cabo, ayudará a obtener un conocimiento exhaustivo sobre los chozos en la provincia de Córdoba, invitando a las instancias con competencia en materia de protección del patrimonio cultural, a plantearse la consideración de estos bienes como susceptibles de formar parte del Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, dotando a estos elementos del necesario reconocimiento patrimonial que requieren”. 

“En la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español aparece recogido, por primera vez,  el reconocimiento y preocupación del patrimonio etnográfico. Dentro del marco normativo elaborado en nuestra Comunidad Autónoma, corresponde a la Consejería de Cultura la tutela del Patrimonio Cultural Andaluz”.

“Andalucía, en su Ley 3 de julio de 1991, fue una de las primeras Comunidades Autónomas del Estado español en poseer legislación propia en materia de patrimonio histórico. En este ámbito, aparece por primera vez normalizada la protección de los bienes etnológicos dentro del  Patrimonio Cultural Andaluz. El interés por normalizar los diversos aspectos del patrimonio etnológico ha quedado recogido en la actual Ley 14/2007 de 26 de noviembre de Patrimonio Histórico de Andalucía, incorporándose los bienes inmateriales, a través de la figura de protección “Actividades de Interés Etnológico”. La evolución del concepto de lo patrimonial y la normalización del patrimonio etnológico, ha dado lugar a nuevas líneas de trabajo, donde los bienes etnológicos se convierten en una línea substancial de la Consejería de Cultura en materia de tutela del Patrimonio Cultural Andaluz”.

“Los bienes patrimoniales son aquellos elementos a través de los que una sociedad se reconoce a sí misma en el tiempo presente o en el pasado vivo de una memoria colectiva. En este sentido debemos entender el patrimonio etnológico como un patrimonio vivo, en uso, constituido por restos testimoniales de unas actividades cuyo proceso de transformación o abandono forma parte de una memoria muy reciente. Estos bienes pertenecen tanto a la esfera de lo material como de lo inmaterial, y forman parte de un sistema cultural en continua transformación”.

“En el desarrollo de la normativa sobre patrimonio, el concepto de bien etnológico ha ido asentándose y evolucionando, desde un entendimiento que lo concebía como un simple bien aislable e independiente hasta llegar a la filosofía actual en donde la significación cultural, el contexto sociocultural, la funcionalidad social, los valores simbólicos, etc., son variables primordiales a la hora de seleccionar qué documentar, qué proteger y en definitiva sobre qué intervenir. De manera que el patrimonio etnográfico nos ofrece un discurso clarificador sobre la identidad cultural de una comunidad. Este vendría conformado por toda esa serie de conocimientos y saberes que se han transmitido de generación en generación, configurando la adaptación a las condiciones sociohistóricas, simbólicas, económicas y medioambientales de una comunidad”.

lunes, 16 de enero de 2012

Hornachuelos

Este municipio, comparte su extenso término entre dos comarcas diferentes; por un lado, una escasa fracción en “La Vega” dentro de la Depresión del Guadalquivir, y el resto en Sierra Morena. En el inventario de entidades de población y tipos de construcciones, realizado en 1887  por Manuel Cabronero[1], se dan por todo su territorio 122 albergues. Igualmente se citan distintas entidades de población con referencia de sus usos. Así, en el “Bramadero chico”, “Las Caleras”, “Zauzadilla”, “La Jurada” y “Lagar  de La Vereda” aparecen “casas de labor y albergues de trabajadores”. En “Los Canónigos” una “casa de guarda y albergues de trabajadores”; en la “Huerta de la Taranilla” una “casa de huerta y albergue de trabajadores”; y en la “Mina del Romano” diversas “casas  y albergue de mina”. 

Hay que tener en cuenta, que las cifras dadas, pueden incluir un buen porcentaje de viviendas-cueva, morfología que fue frecuente en la propia villa de Hornachuelos, donde existen grandes afloramientos de rocas calcarenitas. De hecho, el topónimo de la localidad proviene del topónimo “hornachos-cuevas”.

Pascual Madoz[2] en 1845, refiere en el Castillo de Hornachuelos, “algunas casas tejadas y varias chozas que han buscado apoyo en los muros y torres de la desmantelada fortaleza”.

Por otro lado, en la zona de “La Vega”, ya desde finales del siglo XIX, aparecen diversas referencias de chozas y chozos en las fincas y cortijos: un chozo en el “Cortijo del Bramadero donde el famoso anarquista, Juán José Bernete Aguayo “Capitán Chimeno”, nació en 1902[3]. Otros en “Nublos” junto a la “Cañada Real Soriana”, en “El Bugeo”, “Las Alberquillas” y “Moratalla”. En esta última finca, utilizada desde siempre por la nobleza como residencia y cazadero, encontramos dos interesantes registros fotográficos[4] de excelente calidad, posiblemente de los más antiguos en los que aparezca la temática de este estudio. Se trata de sendas imágenes realizadas en 1887 por el primer Marqués de Viana, Teobaldo de Saavedra y Cueto. En la primera, se aprecia un chozo de planta circular de construcción íntegramente vegetal ante el que posan un hombre y un niño rodeados de todos sus utensilios caseros. En la segunda, varias familias de carboneros muestran una construcción similar a la anterior. 

"Choza en Moratalla en 1887". Cortesía de la Fundación Cajasur.
"Desmontadores en su choza, en el coto de Moratalla en abril de 1887".
Cortesía de la Fundación Cajasur.

En el sector norteño del término, fue igualmente frecuente este tipo de hábitat disperso. Aún se conservan chozos aislados y auténticos poblados formados por “ranchos” de chozas, corrales, zahurdas y hornos en muchos rincones recónditos de la Sierra. Así, los encontramos en los parajes de “Esparto”, “Chozas del Ratón”, “Choza de la Ropería”, “Torralba”, “Torilejos”, “Cerrejón y Los Llanos”, “Juán Calvillo”, “Casas del Escorial”, “Adelfillas”, “Caños Altos” y “Los Peñones”.



[1] CABRONERO Y ROMERO, M. (1891). Resumen por ayuntamientos de todos los edificios y albergues. Hornachuelos (pag. 83).
[2] SÁNCHEZ ZURRO, D. (ed.) (1987). Pascual Madoz (1845-1850). (pag.180).
[3] (www.todoslosnombres.org).
[4] Fotografías procedentes del Archivo Histórico del Palacio de Viana, cortesía de la Funación Cajasur ref. (AHV, 52) y (AHV, 41).

viernes, 13 de enero de 2012

Choza de La Ropería (Hornachuelos)

Ref.: HOR-16.
Coordenadas huso UTM: 30 S x.293495 y.4205051 
Término municipal y comarcas: Hornachuelos, La Sierra (Sierra Morena).
Esta choza mixta, se encuentra en el paraje deSan Miguel” y “Los Peñones” entre un alcornocal adehesado. Su uso, parece que fue albergue  ganadero, esto es, zahurda y cabreriza. La construyeron, según el informador Manuel Jiménez, hacia la década de los 70, Enrique "El Carmelón" y sus cuñados Emilio y Manuel. Su estado de conservación es ruinoso, encontrándose sin la cubierta y con parte del muro desplomado.

 
Recreación de su estado original.


Atendiendo a sus características y  técnicas constructivas, se aprecia una planta rectangular en un asentamiento aislado sobre terreno llano. Los paramentos son de piedra tosca (pizarra) tomada con barro, sin revoques, pero con encalado directo sobre la piedra. La solera se realiza a base losas de pizarra. La cubierta, debió ser de tipo vegetal, a dos aguas sobre viga cumbrera, la cual se encuentra ya podrida entre las ruinas. Unas potentes y elevadas cuchillas sustentarían una cubierta de gran inclinación. Entre otros elementos, se aprecian tres hornacinas y un hueco en la cuchilla E para el tiro del humo. Entre las reformas, se le colocó un pequeño contrafuerte en la esquina SE de la construcción.






Diversas vistas de la choza.
 

Planimetría: planta exterior: 7.70 x 3.65 m.; planta interior: 6.65 x 2.65 m.; ancho muro: 0.50 m.; alturas: zócalo: 1.50 m.; cuchilla: 2.90 m; entrada (sin dintel): 0.83 m.; otros elementos: hornacinas: I: 0.56 x 0.42 x 0.28 m.; II: 0.43 x 0.40 x 0.35 m.; III: 0.37 x 0.37 x 0.45 m.; orientación de la entrada: SE; orientación de la crujía: NE –- SW.

Plano (planta y secciones)

Observaciones: existe una fuente abrevadero muy próxima a la choza, así como las ruinas de una casilla de peones camineros junto a la carretera. Entre las fuentes orales consultadas, como “Manolillo el Barriga”, se desprende que tuvo cubierta de monte. Otro informador, Manuel Jiménez, indica que era de monte y juncos. Igualmente, Manuel Moral conserva una fotografía de los años 80 del siglo XX, con la cubierta aún vegetal. Entre las actuaciones a tomar, sería necesaria su protección como BIC, su rehabilitación y puesta en valor como elemento etnográfico del Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos, donde se encuentra. De acuerdo con la propiedad de la finca, podría acordarse, por ejemplo, ubicar un pequeño museo sobre la apicultura.

Colaboradores: Fernando Díaz Fernández y Vicente Rodríguez Estévez.

Fotos y dibujos del autor.

miércoles, 11 de enero de 2012

Chozas mixtas circulares (II)

Atendiendo a la diferenciación de formas, en las chozas “circulares cónicas”, el esquema estructural es muy simple y estable; un estrecho zócalo de piedra sobre el que descansa una armadura mas o menos geométrica, según los casos, arriostrada y forrada de fibras vegetales.

Choza de la Solana del Cachiporro (Belalcázar).

Su distribución en Córdoba, está focalizada, por un lado al norte de Sierra Morena (Los Pedroches y Alto Guadiato) y por otro al extremo sur de la provincia, en las Sierras Subbéticas, teniendo una amplia difusión como forma de hábitat disperso, hasta hace varias décadas. Son chozas muy variables en cuanto a tamaño, oscilando su planta exterior entre los 2.80 – 7.90 m. de diámetro; aunque lo mas habitual es una media de 5.00 m. Las  mayores, requerirían del refuerzo de un pie derecho central de madera.

Por otro lado, las ovaladas a dos aguas”, se circunscribían a ciertas zonas concretas de Los Pedroches, especialmente presentes en los términos de Santa Eufemia, Torrecampo y Cardeña. En algunos casos resulta curiosa la asociación de esta tipología con el asentamiento de aldeas y pequeñas entidades de población como “Cerro Perolo” y “El Cerezo”. Sus dimensiones son muy homogéneas, oscilando entre los 5.50 – 10.30 m. de longitud en el eje mayor de la planta.

En Villanueva de Córdoba se referían [1] las “chozas de bardo”, término empleado igualmente en Extremadura. Eran una variante rectangular u ovalada usada exclusivamente para el cobijo del ganado (cerdos u ovejas).

Choza en las Ventas de Cardeña. Fotografía publicada por Carlos Flores en 1973.

Como en toda arquitectura vernácula, existen variantes que se salen de la norma, así se han encontrado toda una serie de formas diferentes: dos círculos encontrados, de herradura, barquiforme, círculo con ángulo, cuadrangulares de aristas redondeadas, etc.

Su ámbito geográfico andaluz es muy dispar, estando presentes, a parte de las comarcas cordobesas, también en las jienenses sierras de Mágina y Andújar, así como en la Sierra de Aracena (Huelva). Sin embargo, otros autores[2] las circunscriben únicamente a Los Filabres (Almería), Andévalo (Huelva) y Los Pedroches (Córdoba).

Choza recreada en Albanchéz de Mágina (Jaén).

En cuanto a la distribución ibérica, señalar que se extienden por toda la franja occidental entre Galicia y Centro de Andalucía, pasando por las Sierras de Gredos y Tiétar, Extremadura, Sierra Morena, Sierras Béticas, e incluso más hacia el sur, como el Campo de Gibraltar, donde eran llamados “chozos morunos”. Representa algunos de los tipos característicos del “chozo extremeño”, siendo frecuentes en casi toda la región[3]; no obstante, no son exclusivos de esta, ya que aparecen en las comarcas limítrofes de La Mancha y Andalucía. En ciertas áreas del centro peninsular son llamados “Chozos de horma”, las mantenidas por los pastores  en  las majadas de montaña, junto a los pastos.

Se podría relacionar culturalmente con la ancestral “Palloza” galaico-astur-leonesa de influencia céltica y preromana. Esta vinculación norteña que algunos autores[4], justifican con la repoblación de las áreas reconquistadas de la península, con colonos oriundos de las tierras de los “Castros  que trajeron su arquitectura y formas de vida. Así, se cita la presencia de burgaleses en Sevilla, leoneses en Córdoba y santanderinos en Cádiz.

Nueva Palloza "Casa de Lamas" en Cantejeira (León).


[1] (RAMIREZ LAGUNA, 1986). Dice: “algunas chozas se construían sobre un zócalo de mampuesto o tapial de poca altura (1 m. aproximadamente) llamado bardo…”, pag. 294.
[2] HERNÁNDEZ LEÓN, E. (2004). Arquitectura auxiliar. En: Proyecto Andalucía, Antropología vernácula. Coordinador Rodríguez Iglesias, Francisco. Junta de Andalucía.
[3] MARTÍN GALINDO, J. L. (2006).  Los chozos extremeños: referente histórico y recurso socio-cultural para el futuro. Revista de Estudios Extremeños. Tomo LXII, nºII, mayo-agosto. Departamento de publicaciones. Diputación de Badajoz. 839-890 pp.
[4] FEDUCHI, L. (1978). Itinerarios de arquitectura popular española, 4. Los Pueblos Blancos. Ed. Blume. 496 pp.


domingo, 8 de enero de 2012

Guadalcázar.

Los primeros datos de estas construcciones en el municipio, datan de mediados del siglo XIX, citando Manuel Cabronero[1] en 1887, 35 albergues tipo chozas en todo su término. Con posterioridad, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX tenemos referencias y testimonios de multitud de asentamientos, dentro y fuera de su núcleo urbano. Algunas calles de esta población, estuvieron pobladas de casas con techumbres de paja, como refiere Pascual Madoz[2] entre 1845-1850. Ya a mediados del siglo XX destacan el “Barrio Molino de Viento” y la llamada “Calle de las Chozas”, actual C/ Eduardo Cadenas. Aunque hoy ya no queda ninguna con cubierta vegetal, si se mantienen algunas casas tejadas posteriormente y con sus muros del tapial original.


Vista actual de la Calle Eduardo Cadenas.

Fuera de la población, existieron multitud de chozas repartidas por las distintas fincas y parcelas. En las “Majadas Viejas”, finca próxima al pueblo, existió un importante diseminado de chozas en la vega del “Arroyo de la Marota”. El asentamiento existía ya hacia la década de los 50 del siglo XX[3], y desapareció con el cambio de arrendamiento y aprovechamiento de esta finca. Existen indicios de diversas construcciones en 1956[4] que han sido contrastadas con las referencias orales de las informadoras: Inocencia Macias y Carmen Otero. Así, existieron las “Chozas” de Antonio Magaña, Francisco González “Veneno”, Toscano, Francisco Herzog López, entre otras muchas.

Las mismas circunstancias se dieron en “La Dehesilla”, finca ganadera que albergaba hasta la década de los 70 del siglo XX, un buen número de casas y chozas diseminadas. Existieron multitud de asentamientos repartidos por las diferentes parcelas, con construcciones hoy ya desaparecidas o ruinosas. Normalmente, albergaban  núcleos familiares en una construcción principal, bien tejada o de cubierta vegetal, y anexas a ésta, otras como resguardo del ganado, graneros, pajares, etc. Correspondían con las tipologías de “tapichozas” y “chozos de horcones”. Algunos informadores y la documentación consultada, aportan los nombres de estas “Chozas”: como las de Juan Sillero Chamizo, Aguayo Sillero, Antonio Sillero, Fernando Ávila, Rafael Chamizo, Manuel Sillero, Domeneq, Bartolo Luna, José Luna López, Juan “Quetepan”, Juan Conde, Carmen Delgado, Francisco Herzog López, David “de Almería”, José “El Lacio”, entre otras mas.


En otras áreas más alejadas del término, se documentan en 1902[5] otras referencias, como la de “Las Chozuelas” y diversas “Chozas” como precedentes de los actuales cortijos de “Buenos Aires” y de “Fuentes”.

Por otro lado, dentro de las fincas de “El Coto, El Gamo y Los Barrancos”, hoy dedicadas a olivar intensivo, existió con anterioridad a su transformación, extensos encinares, montes y olivares viejos. Dentro de ellas, en el paraje conocido como “Zahúrdas”, Carmen Otero aporta referencias orales de la existencia hacia 1940, de al menos un chozo circular mixto, como refugio temporal de ganaderos y pastores.


[1] CABRONERO Y ROMERO, M. (1891). Resumen por ayuntamientos de todos los edificios y albergues. Guadalcázar (pag. 83).
[2] SÁNCHEZ ZURRO, D. (1987). Madoz dice: “tiene 53 casas de teja y 55 de choza” (pag. 167).
[3] INSTITUTO NACIONAL DE COLONIZACIÓN (1946). Croquis de las fincas “Majadas Viejas” y “Dehesillas”, término de Guadalcázar (Córdoba).
[4] CONSEJERÍA DE MEDIO AMBIENTE, JUNTA DE ANDALUCÍA (2008). Ortofoto de Andalucía, vuelo americano de 1956.
[5] INSTITUTO GEOGRÁFICO Y CATASTRAL (1902). Hoja 943 (Posadas).


sábado, 7 de enero de 2012

Chozas de Aguayo Sillero (Guadalcázar).

Ref.: GUA-19
Coordenadas huso UTM: 30 S x.327513 y.4178561 
Término municipal y comarcas: Guadalcázar, La Vega (Depresión del Guadalquivir).
Agrupación de construcciones compuesta por una casa tejada con “tapichozas” organizadas en torno a un patio. El asentamiento, ya desaparecido, se localizaba en el paraje de La Dehesilla” junto al “Camino de Écija, de la Fuencubierta o de los Soldados”. Servía como vivienda permanente de agricultores-ganaderos con una vocación de autosubsistencia, e incluida dentro de un sistema parcelario. Se construyó en 1955, abandonándose hacia 1972, siendo derruidas totalmente las ruinas de sus tapias en 2008.

Recreación de su estado original.

La unidad de la edificación, asentada en una llanura adehesada, estaba compuesta por dos crujías alineadas y enfrentadas formando un patio o corredor; así la primera se compone de las siguientes dependencias: vivienda (A) tejada a cuatro aguas con tres habitaciones, una de ellas con “trojes” y cuadra (B); y la segunda “choza-tinao” (C) con tres divisiones para el ganado, una de ellas gallinero; igualmente en el patio (E), se disponía una pequeña cocina (D), que estuvo techada con chapa. Disponía de un horno (F) de ladrillo para pan, muy próximo a las construcciones.
 
Aspecto general de las ruinas en 2006.



Detalle del tapial antes de su demolición.
Todas las plantas eran rectangulares, siendo sus paramentos de tapial formado por tierras arcillosas rojas y grava menuda. También aparecían: adobe de paja con barro, ladrillos macizos y huecos, así como cemento. Tanto interior como exteriormente, los revoques de los muros se hacían con pintura de cal en sucesivas capas. Las cubiertas de las chozas se planteaban con armaduras hechas con “pitones” de maguei (Agabe americana) y “latas” de maderas de acebuche (Olea europaea, var. sylvestris). Todo el exterior era techado con pasto y paja de trigo en técnica “ripiada” con grapas de varetas de adelfa (Nerium oleander). Disponían igualmente, de diversos contrafuertes, un pesebre, un banco de obra y ponederos para gallinas. La vivienda, dentro de la crujía principal, estuvo techada desde su construcción inicial con teja curva. Luego se le fueron añadiendo mas dependencias pero con techos vegetales y de chapa.

Detalle constructivo del tapial.

Planimetría: planta exterior: crujía A-B: 20.55 x 3.80 m.; crujía C: 13.35 x 3.80 m.; planta interior: A: 13.10 x 2.80 m.; B: 5.80 x 2.80 m.; C: 2.90 x 2.80 m.; 3.70 x 2.80 m.; 4.60 x 2.80 m.; D: 2.00 x 2.00 m.; patio E: 13.30 x 5.35 m.; ancho muro: exteriores: 0.50 m.; interiores: 0.40 m; alturas: (muros): 1.50 – 2.00 m.; entrada: (todas sin dintel): 0.70 - 1.00 m.; orientación de las entradas: (vivienda-cuadra): SE y NE, (tinao): SE; orientación de las crujías: E - W


Plano de la casa y choza I (planta y sección).


Plano de la choza II (planta y sección).





Esquema general del asentamiento.

Observaciones: El informadorMimi”, hijo de la familia que las habitó, aporta ciertos detalles de su construcción. Dentro del tipo de ganadería que manejaban, destacar que tenían gallinas, cerdos y vacas.

Fotos y dibujos del autor.




miércoles, 4 de enero de 2012

Chozas mixtas circulares (I).

Son chozas de planta circular u ovalada, con zócalo de piedra y cubierta apuntada de materiales vegetales. Las hay de muchos tamaños, existiendo algunas de grandes dimensiones. Eran viviendas o refugios de pastores y porqueros principalmente, aunque también aparecen asociadas a ciertas actividades agrícolas.

La forma de la planta puede ser muy variable, aunque predominan las circulares a compás, circulares irregulares y ovaladas. El hecho que las define, es el sistema de la cubierta, una armadura calzada sobre zócalo de piedra, que se realiza por el apoyo y encuentro de diversas maderas en una cúspide o cumbrera. Se pueden formar techos en forma cónica, a dos aguas con los extremos cónicos, prismáticas, etc. La mampostería se realiza generalmente con piedra seca, también tomada con barro y a veces con cal. Algunas chozas se enfoscaban con morteros y se encalaban.







Distintas formas de esta tipología.

Los materiales vegetales empleados para la cubierta son, por un lado las maderas, de encina (Quercus ilex var. rotundifolia) principalmente, aunque también de otros árboles como enebros, olmos, pinos y eucaliptos. Para techar se utilizaban sobre todo, juncos, retamas e iniestas, y en algunas zonas también bálago de centeno.

La organización del habitáculo interior se planteaba mediante una sola entrada, que se orientaba generalmente hacia el SE, para recibir la mayor cantidad de luz durante la mañana y protegerse de los vientos dominantes, según cada zona.  Dicha entrada, se construía a veces de forma abocinada, teniendo las jambas y el rebate de piedra. La puerta, era de madera y disponía de bisagras empotradas en el dintel de piedra o madera, así como en el suelo. El piso interior, la “solera” podía estar empedrada, destinándose una losa central para el hogar. El humo de la candela, escapaba libremente por la cónica cubierta, filtrándose por entre las fibras vegetales. A lo largo del perímetro del muro interior se reservaban hornacinas y anaqueles de distintos tamaños para los utensilios de los pastores. Como particularidad, aparecen algunas chozas con cántaros y hoyas insertas en el muro, que se destinaban a guardar algunos alimentos. Igualmente, se empotraban perchas de madera para colgar ropa y todo lo necesario para la vida en el campo. En algunas construcciones, ante la necesidad de ampliar el espacio, se añadían habitáculos anexos que seguían el mismo esquema de planta curva. Aunque ya no queda ninguna con su cubierta vegetal original en la provincia de Córdoba, se conservan algunas que fueron readaptadas, presentando un tejado a dos aguas de teja árabe.