lunes, 19 de diciembre de 2011

Fuente Palmera.

Según Pascual Madoz[1] y Manuel Cabronero[2], este municipio, disponía en la segunda mitad del  XIX, de un buen número de este tipo de albergues, fruto del proceso colonizador que se inició un siglo atrás; como al igual ocurrió en otros municipios del entorno como La Carlota, La Victoria y San Sebastián de los Ballesteros. Concretamente, cuantifican en 182 las “casas de rama” hacia 1852 y en 297 “chozas” hacia 1887, repartidas por su villa, aldeas y suertes. En la propia población de Fuente Palmera, en 1852 se refieren 314 casas, de las cuales 182 eran de “rama”, terminología utilizada para las casas de tapial y cubierta vegetal. Entre sus aldeas, se puede realizar una aproximación de construcciones entre “casas tejadas y chozas”:

En “Fuente Carreteros” hacia 1887, se daban 149 edificios y albergues dentro de su núcleo urbano. A mediados del siglo XX algunas fotografías dan una idea de la alternancia aún de casas tejadas y de paja dentro de esta aldea. En su entorno, igualmente se localizaban otras chozas, como la de la familia de Antonio Jiménez Morello, informador que aporta algunas imágenes.


Antigua calle de Fuente Carreteros. Cortesía de Antonio Jiménez Morello.

Otra panorámica de la aldea. Cortesía de Antonio Jiménez Morello.

Imagen de la Choza de la familia Jiménez Morello. 

La Herrería” tenía en 1852,  7 casas de teja y 14 de rama; y en 1887 unos 53 edificios y albergues.

En “Ochavillo del Río” en 1852 se refieren 11 casas de teja y 28 de rama, citando entonces esta población con el nombre de “Aldea del Río”. Posteriormente, en 1887 aparecen 85 edificios y albergues. En las “Barrancas del Picacho”, se asentaban algunas chozas  como la de la “Tía Pilar” y la “Choza de Eusebio Yamuza”, según González Mestre[3] , quién resalta, que este tipo de vivienda se utilizó en Ochavillo del Río hasta la década de los sesenta del siglo XX.

En “Peñalosa”, Madoz cita textualmente en 1852; “se compone de 3 casas de teja y 20 de rama”. En 1887 existían 61 edificios y albergues. Hoy en día, según el informador Marcos Armesto, se mantiene una casa reformada, que en su interior conserva la armadura de madera de su original cubierta vegetal. Actualmente, en el paraje de “Picachos de Medrana” se conserva un pequeño chozo vegetal.

La “Cañada de Rabadán” tenía en 1887,  41 edificios y albergues.

En “Silillos”, igualmente existían en 1887,  73 edificios y albergues. Ya en el siglo XX, hasta después de su segunda mitad, y según algunos informadores, aún pervivían algunas de estas construcciones.

En “La Ventilla”, en 1852 Madoz refiere “se compone de 7 casas de teja y 40 de rama”. Y en 1887 se cuantifican 18 edificios y albergues.

Villalón” tenía en 1887 de igual manera 19 edificios y albergues.

Villar”. En 1852, se hace referencia a su disposición aunque sin citar chozas. Y en 1887 se dan 66 edificios y albergues.


[1] SÁNCHEZ ZURRO, Domingo (ed.) (1987). Diccionario Geográfico-estadístico-histórico de Andalucía (Córdoba). Pascual Madoz (1845-1850). Ambito Ediciones S.A., Valladolid, 233 pp.
[2] CABRONERO Y ROMERO, M. (1891). Resumen por ayuntamientos de todos los edificios y albergues. Fuente Palmera (pag. 83).
[3] GONZÁLEZ MESTRE, M. (2006). (www.ochavillo.com).

domingo, 18 de diciembre de 2011

Chozos portátiles.

Esta tipología, se caracteriza por el origen enteramente vegetal de su construcción. Tanto los paramentos, como las cubiertas se hacían de maderas y fibras vegetales. A diferencia de otros chozos más estables, estos tenían un carácter portátil, de ahí que su sistema de construcción se base en armaduras flexibles. La disposición del armazón se hacía con delgadas maderas moldeadas de forma curva, en similitud a las técnicas de cestería. Sobre este entramado flexible convenientemente trabado y atado se cosían distintos tipos de plantas (bálago de centeno, juncos o eneas). Son chozos realmente pequeños, que permitían su desplazamiento e incluso su desmontaje por piezas.

Eran realizados por los pastores de las comarcas de Los Pedroches y Alto Guadiato, donde según sus usos, aparecen distintas maneras para denominarlos. Se citan los circulares “Chozos de muda” y “Chozuelos”, destinados a resguardo de pastores en la vigilancia de las majadas. Las “Rosqueras”, peculiares elementos con distintos usos, como el cobijo de los perros, como lugar donde reservar la ropa elegante del olor a humo, e incluso de pequeño refugio donde pernoctar junto al aprisco para vigilar el ataque de los lobos. Su denominación viene de la forma de dormir acurrucada en su escaso espacio interior. Los “Chozos de mamparas” o “de culatas” permitían algo de más amplitud, por lo que eran utilizados también por la familia del pastor. Igualmente, su estructura desmontable optimizaba el esfuerzo de su construcción, condicionada por la necesidad de movilidad detrás de los rebaños en busca de pastos.

Algunas formas de esta tipología.
Algunos autores, ya definieron algunas de estas tipologías. Así, en Alcaracejos, los describe Rafael Cabanás[1]: "Constan de cuatro partes: dos de ellas llamadas mamparas, se disponen en tijera, llevando una de ellas la puerta; lateralmente se cierra el recinto mediante dos "culatas", construidas, como las mamparas, con un entramado de palos y monte. A las culatas se adosan las sencillas yacijas de los moradores". En cuanto a las “Rosqueras” ya fueron documentadas por Arturo Ramírez Laguna hacia 1986[2]: el pastor construía un rosquero, que era una pequeña tienda de campaña transportable con suelo y paredes de junco sobre parihuelas donde se cobijaba el zagal de guardia junto al ganado”.

Igualmente, Bartolomé Valle Buenestado[3] refería que estas tipologías pedrocheñas tienen mucha afinidad con algunas zonas extremeñas y portuguesas, apreciación también extensible a otras comarcas limítrofes a las cordobesas, como el Valle de Alcudia (Ciudad Real) y la Sierra Norte (Sevilla), donde todas estas formas de albergues y refugios eran comunes, debido a la gran movilidad del oficio de pastor y su transmisión cultural. Esto demuestra la no exclusividad geográfica de este tipo de construcciones y la ausencia de límites políticos.

Hijos de pastores en Baterno (Badajoz). Chozos de mamparas y gallinero. Cortesía de Eusebio López.
Uno de los lugares donde se ha conservado este patrimonio inmaterial, ha sido en Villaralto, donde en su magnífico “Museo del Pastor”, se han recreado estas formas de construcciones pastoriles. Son unas de las escasas recreaciones de chozos originales en la provincia de Córdoba, que se han hecho con un carácter divulgativo, museístico y de recuperación de este patrimonio etnográfico. Los chozos expuestos, fueron realizados por antiguos pastores locales (Ángel Gómez Gómez y Atilano Fernández Gómez) y representan las formas de arquitectura y vida pastoril de esta ancestral comarca ganadera de Los Pedroches. Se exponen varios tipos y elementos: un “Chozo circular”, algunas “Rosqueras” y una maqueta de un “Chozo de mamparas”. Dentro del chozo, se disponía uno o mas camastros , unas aguaderas para almacenar los cántaros con agua, un hogar central sobre losa de piedra donde calentarse y cocinar, y un “peralbillo”, especie de percha exterior donde almacenar los utensilios de cocina.

Muestra de "Rosqueras" en el Museo del Pastor de Villaralto.
En uno de ellos, el armazón está compuesto por los “pies” y los “travesaños; los primeros de palos y horquillas de encina (Quercus ilex sub. Ballota) que se colocan formando un corro circular que se traba con ataduras entre ellos, conformando un volumen semiesférico. Los segundos afianzan en sentido horizontal el anterior entramado mediante ramas flexibles de retama (Retama phaerocarpa); de esta manera se disponen formando anillos circulares a distintas alturas. El revestimiento, se hace como en este caso, de enea (Thypha ssp), pero también se empleaba rastrojo de trigo, centeno o juncos. Para su cosido se utilizaba un cordel de juncias trenzadas y una larga aguja de palo. Por ultimo toda esta cubierta se reforzaba por fuera, nuevamente con algunos anillos de retama. El suelo era simplemente tierra apisonada. La entrada se orientaba hacia el E. y disponía de una puerta hecha también de los mismos materiales empleados. El camastro se hacía atravesando unos palos sujetos horizontalmente a la estructura del chozo, luego se colocaba un jergón de paja, sábanas y mantas. Las “rosqueras”, seguían la misma técnica, aunque tenían la posibilidad de poder desmontarse su caperuza y enrollarse el resto para su transporte. Igualmente, se ha documentado es esta zona, la construcción de pequeños “chozos gallinero”, muy en similitud a ciertas áreas de Extremadura.

Interior del "Chozo circular" en el Museo del Pastor de Villaralto.
En Fuente Obejuna algunos informadores refieren igualmente, chozos circulares portátiles y de mamparas, idénticos a los pedrocheños. En Posadilla, existe una interesante recreación museística de un chozo de esta última tipología. En su Museo de Artes y Costumbres Populares, se presenta uno a escala que fue realizado por dos pastores locales ya fallecidos (Gumersindo Benavente “Silencio” y Arturo Sedano, “Arturete”). Está hecho con armadura de palos de encina y retama, y forrado exteriormente de juncos. En el exterior se disponía del “caramancho”, una percha hecha con una rama entera de encina, donde colgar todo tipo de utensilios.
Recreación de un "Chozo de mamparas" en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Posadilla (Fuente Obejuna).
A continuación, se muestra una pequeña presentación del proceso de construcción de un pequeño chozo que hicimos en Guadalcázar con bálago de centeno, siguiendo las técnicas empleadas en Sierra Morena y Extremadura.



[1] CABANÁS PAREJA, R. (1967). Los Pedroches. Estudios Geográficos, XXVIII, 59,106-107 pp.
[2] RAMIREZ LAGUNA, Arturo. (1986). Arquitectura popular: La vivienda tradicional en la provincia de Córdoba. En Córdoba y su provincia, tomo IV (Coord. Manuel Guarinos). Ed. Gener. Sevilla. pp. 290-313.
[3] VALLE BUENESTADO, Bartolomé (1978). Villanueva de Córdoba. Estudio Geográfico de un municipio de Los Pedroches. Excma. Diputación Provincial de  Córdoba. 343-345 pp. Citando a (CABANÁS, 1967). “Los Pedroches” I, pag. 60.




sábado, 17 de diciembre de 2011

Chozo Picachos de Medrana (Fuente Palmera).

Ref.: FPA-7
Coordenadas huso UTM: 30 S x.317669 y.4178566
Término municipal y comarcas: Fuente Palmera, Las Colonias (Depresión del Guadalquivir).
Pequeño chozo vegetal localizado en las proximidades de la aldea de Peñalosa, en el paraje de Picachos de Medrana”, “Cortijos de Santa Ana, Francisca Dugo y Manuel Martín”. Debió ser refugio de agricultores y/o ganaderos, desconociéndose exactamente su antigüedad. Se encuentra deteriorado, manteniéndose la estructura de maderas y el entramado de ramajes, habiendo desaparecido ya el forro vegetal.


Recreación de su estado original.

La construcción, de planta ovalada, se asienta en terreno llano dentro de una parcela de cultivo con algunas encinas dispersas. Tiene una curiosa disposición, pues su apoyo estructural se realiza sobre un árbol vivo de encina (Quercus rotundifolia, sub. Ballota). La entrada se abre en un lateral, siendo la solera de tierra apisonada. La cubierta se compone de 17 “piernas” de maderas de acebuche u olivo trabadas sobre una rama más o menos horizontal del árbol, que hace las veces de cumbrera. Ésta, es apuntalada con un pie derecho en “horcón”. La armadura está riostrada con 5 hileras de “latas” de diversas maderas más delgadas. Todo este armazón se cubre de un entramado de ramajes de acebuche u olivo en sentido vertical. Las ataduras se realizaron con alambre, en vez de cuerda vegetal. Se mantiene algún resto de forro compuesto por ciertas gramíneas silvestres.

Aspecto exterior del chozo en 2009.
Detalle del interior donde se aprecia la rama del árbol a modo de cumbrera.
Detalle  del pie derecho que apuntala la rama.
Panorámica del enclave con el chozo bajo la encina.

Planimetría: planta exterior: 3.80 x –2.60 m.; planta interior: 3.30 x –1.95 m.; ancho pared: 0.20 m. alturas: exterior: 2.20 m.; interior: 2.00 m.; entrada: 1.20 x 0.70 m.; orientación de la entrada: N.

Plano (planta y sección).
Observaciones: Se trata de uno de los escasos chozos vegetales, conservados en la provincia. Según el informador Marcos Armesto, fue utilizado por dos hermanas de avanzada edad, hasta la década de los 80 del siglo pasado. En 1956 se mantenía una pequeña dehesa en este pareje. Se encuentran en su interior algunos utensilios, latas, una silla y una hebilla de un cinchón para el tiro de un carro.
Colaboradores: Marcos Armesto Mengual.

Fotos y dibujos del autor.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La Madera.

Mención especial requiere este material, pues su aplicación, tanto en los chozos vegetales como mixtos, era básico para sustentar estructuras y cubiertas. Son muy variados los tipos de maderas empleadas en este ámbito geográfico. La encina (Quercus ilex sub. Ballota), por su amplia distribución en la provincia, constituye la principal especie utilizada. Ciertas características físicas, como su gran resistencia y elevada durabilidad, hacía de los troncos y ramas de estos árboles los ideales para construir chozos. El acebuche (Olea europea, var. sylvestris) igualmente, permite ramas de gran longitud y resistencia, aunque algo retorcidas. Fue utilizado principalmente en Las Colonias y La Vega. El Enebro de Miera (Juniperus oxicedrus), de madera casi imputrescible, y el Madroño (Arbutus unedo), aparecen puntualmente utilizados en algunas zonas de Los Pedroches, particularmente en Santa Eufemia y Cardeña. Este último, se utilizaba en muchas zonas de Sierra Morena, cortado en unos pequeños listones llamados “tiguillos” bajo algunas cubiertas de teja. Igualmente, los troncos del Pino Piñonero (Pinus pinea) y Castaño (Castanea sativa), eran cortados para la construcción de ciertas chozas de cabreros, carboneros y mineros en la Sierra de Córdoba.



Rollizo con cañizo.

En otro orden, encontramos todas las especies de ribera (tarajes, olmos, chopos, álamos y fresnos), de los que se obtenían palos muy rectos, flexibles y de una buena longitud. Maderas alóctonas, como las de eucaliptos y algunos pinos, han sido empleadas en ciertas construcciones, sobre todo en aquellas que fueron reformadas con posterioridad a la primera mitad del siglo XX. Se empleaban especialmente en el caso de las carpinterías de puertas y ventanas, donde se incorporan algunos elementos muy puntuales de forja en hierro (rejas, bisagras y pestillos).


Enrramada de palos y paja.

Aunque no se trata de una madera propiamente dicha, sobresale por su peculiaridad el empleo de los bástagos florales del Maguei (Agabe americana), esto es, los “pitones de pitas”, que eran utilizados como viguería estructural de las cubiertas, aportando gran longitud pero poca durabilidad. Fueron utilizados frecuentemente en La Carlota y Guadalcázar (Las Colonias y Vega).


Rollizo con tabla.

Para el trabajo de corte y tala de la madera, se utilizaban ciertas herramientas como el “hacha” y el “hocino” de diferentes formas y tamaños.

Antigua "Hacha" fabricada en Posadas.
"Hocino" utilizado en Guadalcázar.







 

martes, 13 de diciembre de 2011

Belalcázar.

En 1887  Manuel Cabronero[1] cita para este término, 15 albergues o chozas, siendo una de las escasas referencias históricas que existen al respecto. Predominan aquí, las construcciones de planta circular de piedra y cubierta cónica vegetal,  llamados localmente de “chozos de casal”, otros de cúpula semiesférica y los ya desaparecidos “chozuelos”, pequeños refugios vegetales y portátiles. La mayoría, dedicados al pastoreo de la oveja merina, que tuvo una amplia difusión en este sector de la comarca de Los Pedroches. También aparecen algunos vinculados a la cría del cerdo ibérico.

Una de las chozas ya desaparecidas en el Trapero.
Se conservan aún algunas chozas, mas o menos ruinosas, entre las que destacan: la “Choza de la Solana del Cachiporro”, “Choza de Manuel Suárez”, “Choza de Tete”, “Chozas del Trapero”, “Chozas de la Solana”, “Chozo del Palomar”, “Choza de Cogollarta”, “Chozo Botella” y la “Choza de Medioqueso”. Muchas de estas construcciones, datan de finales del siglo XIX y constituyen un patrimonio etnográfico de indudable valor dentro de este municipio.


[1] CABRONERO Y ROMERO, M. (1891). Resumen por ayuntamientos de todos los edificios y albergues. Belalcázar (pag. 83).


sábado, 10 de diciembre de 2011

Chozo Botella (Belalcázar).

Ref.: BEL-10
Coordenadas huso UTM: 30 S x.307925 y.4268357 
Término municipal y comarcas: Belalcázar, Los Pedroches (Sierra Morena).
Esta construcción de peculiar denominación, se localiza en el “Cerro de Los Álamos” y “La Atalaya”, muy próxima a la “Ermita de la Consolación”. Este chozo fue construido en 1895 y sirvió de albergue de pastores y porqueros. Hace más de 70 años que se encuentra deshabitado y su estado de conservación es crítico, pues peligra la estabilidad de la cúpula, donde existe un gran desplome producido después de 2008, al igual que en un tramo del zócalo. De forma anexa dispone de un redil de tapias muy altas y una zahurda criadera de gran tamaño.

Recreación de su estado original.

El conjunto de construcciones se asienta en una suave elevación, dominando una amplia llanura. El chozo, de planta circular, se encuentra en una esquina del corral y empotrado en sus tapias. Sus paramentos son de piedra tomada con barro, a base de rocas canteadas de granito. Todo el interior aparece enfoscado con mortero de cal y pintado de ocre con una línea negra delimitando un zócalo. En el exterior sólo se conserva un enlucido en la cúpula. No se le aprecia solera. La cubierta es ejecutada con cúpula semiesférica de ladrillos macizos, trabados en horizontal. Debió de disponer de una chimenea con tiro, según se aprecia por sus restos en el muro. Igualmente en la cúspide de la cúpula se abre un pequeño hueco para ventilación. Aparecen tres hornacinas adinteladas a lo largo del zócalo. La entrada tiene dinteles y jambas de granito labrado de cantería.

Aspecto exterior del chozo.
Detalle del desplome desde el interior del corral.

Vista del interior de la construcción.

Panorámica del conjunto desde las zahurdas.

Planimetría: planta exterior: 4.50 m. diámetro; planta interior: 3.30 m. diámetro; ancho muro: 0.60 m. alturas: exterior: 3.80 m.; interior: 3.70 m.; alero: 2.10 m. entrada: (abocinada al exterior): 0.60 – 0.65 x 1.25 m.; otros elementos: formato de ladrillo: 0.23 x 0.12 x 0.4 m. hornacinas: 0.45 x. 0.30 x 0.50 m.; 0.40 x. 0.43 x 0.40 m.; 0.43 x. 0.45 x 0.40 m.; orientación de la entrada: E.

Plano (planta y sección).


Esquema general de las construcciones.

Observaciones: fue construido por un albañil llamado Pedro Pineda Herrera a finales del siglo XIX, siendo este el constructor de la mayoría de los cortijos del entorno, según comenta su nieta María Pineda Tocado. En las proximidades existía una fuente con brocal de granito, llamada la “Fuente Blanca”, por el color de sus aguas y considerada como una de las mejores de todo el término municipal.
Colaboradores: Luis Torrero y Antonio Fernández Torrero.

Fotos y dibujos del autor.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Guerra absurda

Ha pasado ya más de medio siglo, desde aquella desafortunada contienda, y aún esa Guerra Civil, queda en la memoria de muchas personas; aquellos niños que fueron espectadores directos de unos tiempos de odio y cruda violencia dentro de nuestra historia más reciente.

A razón de este estudio sobre las chozas, y a lo largo de las diversas entrevistas con los informadores de toda la provincia, han sido mas o menos agradables las vivencias que me han transmitido, a pesar de las duras condiciones de vida soportadas por estas gentes de campo; sin embargo en ciertos momentos, un escalofrío me invadió el cuerpo cuando me contaban sucesos acontecidos durante ese oscuro periodo de enfrentamiento.

En algunos enclaves de La Sierra, entre los términos de Almodóvar del Río, Córdoba y Villaviciosa,  algunos autores[1]  refieren ciertos testimonios orales, en los que indican la existencia de chozas de rancheros y carboneros que mal vivían del monte; también guerrilleros que se refugiaban en las manchas mas espesas del "Barranco de La Huesa" y "La Porrá". En los “Peñascares de Illescas” de Villanueva de Córdoba, se escondían también algunas partidas de guerrilleros republicanos durante la postguerra. Esta área estaba conformada por barrancos y umbrías, donde había gran número de bocas de mina y catas de mineral de cobre y hierro. Allí, construían chozos consistentes, bajo el cobijo del espeso monte. En “Campo Alto”, cerca de Cerro Muriano, la informadora Fernanda Fernández Fernández, siendo niña recuerda, que hacia 1940: “cada cierto tiempo le mandaban esconderse con sus hermanos en la casa, y su madre se ponía a freir lomo y chorizo a altas horas de la noche. Esto ocurría cuando se acercaban los rojos a la casa del guarda exigiendo que les pusieran de comer, pues el porquero en su choza poco tenía que ofrecerles”.

La quema de chozas fue un hecho habitual durante la Guerra Civil y los posteriores años de represión.

En Cardeña, el informador Francisco Gutiérrez Toril, vio en 1941 con ocho años de edad, como incendiaron los restos de la cubierta vegetal de la “Choza de Fuente Salobre” para que no se refugiaran los “rojos”. En el estudio de Francisco Moreno[2], se citan unas duras referencias orales sobre los chozos en la periferia de la ciudad de Córdoba. Un informador refiere: “Y yo vi a obreros fusilados haciendo la estrella de cinco puntas con los pies juntos. Esto pasó en el Cercado de las Pitas, en la esquina de la cerca con Medina Azahara y la carretera que va para Villarrubia. También quemaban los chozos de la gente humilde. No los querían. O echaban a las familias a la calle, como ocurrió en el Barrio del Naranjo”, donde se asentaban una serie de chozas y casillas que hicieron los familiares de los presos republicanos que estaban en la cárcel. El mismo autor, hace referencia a chozos durante la entrada de los fascistas a Palma del Río, el 26 de agosto de 1936. Dice: “Al amanecer de ese día, desde el campanario de la iglesia de la Asunción, los vigías palmeños vieron aparecer los camiones franquistas, hasta dar vistas al arco de la calle Ancha. Otro contingente de tropas apareció por la carretera de La Campana, en un intento de cerco. Venían con consignas de destrucción, prendiendo fuego a todas las cabañas y chozos de gente humilde que encontraban por el campo”. Igualmente, en el entorno de la población, en el Cortijo de Monzálbez o de Mechas, hacia 1942 el informador José González, comenta unos hechos vividos personalmente que indican la destrucción de unas tapichozas; “unos años después de la Guerra Civil, vinieron preguntando por los Chozos de los Chimenos, tenía yo 14 o 15 años. Esa misma noche les metieron fuego cuando creían que dormían, pero por suerte no estaban dentro”.


[1] NARANJO, Luís; MORAL, Manuel; CARRASCO, Miguel y CARRASCO, Agustín (2006). Claves naturales y sociales de la Guerrilla Antifranquista en Sierra Morena. Recorrido histórico-natural por el valle medio del Guadiato.  Biblioteca Ensayo 11. Ed. Diputación Provincial de Córdoba y Ayto. de Villaviciosa. Córdoba. 212 pp.
[2] MORENO GÓMEZ, Francisco (2008). 1936: El genocidio franquista en Córdoba. Ed. Crítica, 1003 pgs.